Aunque se publicitan poco, es increíble la cantidad de hazañas que se realizan a nado, más allá de los dificilísimos cruces de la Mancha, Molokai, Catalina, SCAR, etc. Todas ellas, por supuesto, bajo las reglas del canal de la Mancha, lo que se llama “sin asistencia”: un bañador, gafas, gorro (ya lo expliqué hace un tiempo, aquí).

Por ejemplo el grupo de 4 nadadores que en julio dieron dos vueltas seguidas a la isla de Manhattan. (Hay que recordar que la travesía que da una sola vuelta, 46 km, es una de las integrantes de la afamada Triple Corona.) Buceando un poco en webs especializadas es fácil encontrar aventuras similares. Pero este verano sin duda podemos establecer un “podio de locuras” (¿cómo definir si no estas gestas elevadas a la enésima potencia?) difícil de igualar.

3. Tita Llorens, Ibiza-Denia

Es cierto que no terminó, pero la menorquina Tita Llorens (de 49 años de edad) se lanzó al agua en Ibiza el 30 de julio, con la intención de llegar a Denia, Alicante (90 km de travesía). 37 horas y 73 km más tarde encontró una corriente en contra muy fuerte (provocada por el talud continental) que le hizo tener que abandonar; que no fracasar.

Captura de pantalla de https://share.garmin.com/Titallorens, mostrando el punto en el que se quedó

Era la segunda vez que intentaba esta travesía, y no pudo ser. ¡Esperamos que a la tercera vaya la vencida!

2. Caroline Block, canal del Norte x2

Dicen los que saben que, de las travesías “realizables” (no cuento la de las islas Farallon, que solo han hecho 5 personas en el mundo), el canal del Norte es la más dura: 34,5 km entre Irlanda y Escocia, casi siempre con frío, mala mar, muchas corrientes, aún más medusas y el agua a 12ºC. (Bueno, a veces sube hasta los 14ºC.) Solo la han nadado 37 personas.

Caroline Block, norteamericana de 33 años, intentó hacer un cruce de ida y vuelta los días 4 y 5 de agosto. Salió de Donaghadee, en Irlanda del Norte, y llegó a la bahía de Spittal, en Escocia, 15 horas y media más tarde; descansó diez minutos y nadó de vuelta otras 13 horas y media, para un total de 88 km en 29 horas. Esto da una media de 1’59” los 100 m, ¡en agua a 13ºC!, con 12ºC de temperatura ambiente. (Este próximo invierno trata de nadar a esa velocidad simplemente durante una hora, para darte cuenta de la proeza que supone lo que hizo la Block.)

Captura de pantalla de https://track.rs/CarolineBlock/, mostrando la ruta realizada por la Block

En el track del GPS se aprecia como, antes de poder girar hacia el oeste, estuvo 4 horas nadando en una corriente que le hacía derivar hacia el este, es decir, volver atrás. Finalmente el tiempo perdido con esa deriva, junto con las malas condiciones de mar y viento, la obligaron a capitular; pero igualmente ha escrito un capítulo increíble en la historia de la natación.

1. Sarah Thomas, lago Champlain x2

El lago Champlain está en el estado de Nueva York (EEUU). Mide 50 millas de largo (80 km). Sarah Thomas fue, y volvió. 100 millas, 160 km; sin tocar tierra; sin tocar una barca, ni un kayak, ni a nadie; 67 horas nadando, solo con un bañador y embadurnada de protección solar.

De hecho la ruta eran 104 millas, 168 km. Todo un récord (al que se acercará la australiana Chloe McCardel si logra cruzar el canal de la Mancha 4 veces seguidas, 136 km, dentro de pocos días); solo Homero sería capaz de describirlo con palabras que le hicieran justicia.

Captura de pantalla de https://track.rs/ssthomas/, mostrando la ruta realizada por la Thomas

Para el total de la travesía sale una media de unos 2’23” los 100 m… ¡durante casi 3 días!, sin parar. La temperatura del agua osciló entre los 21ºC y los 23ºC. Aquí puedes ver los datos de velocidad de nado, viento y temperatura del agua a lo largo de esos días (del 7 al 9 de agosto).

Una semana más tarde ella misma explicaba su aventura en este post del foro de Marathon Swimmers Federation: la preparación, el desarrollo, las horas posteriores. Con su permiso (y mi agradecimiento) la he traducido. Te dejo con ella; ¡disfrútala!

Como hice tras el lago Powell (N. del T.: donde nadó 130 km en 56 horas, explicado aquí y aquí), me gustaría tomar unos minutos y escribir un poco sobre esta travesía. De acuerdo, sé que probablemente no será un poco (fueron 168 km), pero quería compartir cosas de la travesía desde mi perspectiva.

Para empezar, literalmente, casi tan pronto como terminamos la travesía del lago Powell en octubre pasado, sabía que quería hacer una más larga. Mi marido Ryan y yo conducíamos de vuelta a casa desde el lago Powell y, tras un largo silencio, Ryan me mira y dice:

– Bueno, ¿y qué tal una de 150 km?

Había estado pensando lo mismo, así que digo:

– Sí, creo que sí.

No dijimos más en ese momento; primero necesitábamos recuperarnos y recuperar nuestra vida normal. Pero con el pasar de los meses nos encontramos debatiendo si queríamos intentar esos 150 km en el verano de 2017 o de 2018. Con un poco de presión de Jamie Patrick, convinimos en que era mejor hacerlo más pronto que tarde. Y si era algo que queríamos hacer, ¿por qué esperar?

Así que empezamos, otra vez, por buscar lagos grandes. Durante un tiempo planeé los 150 km en Green Bay, pero cada vez nos parecía más difícil encontrar un barco grande que nos sirviera para apoyo en la travesía. El lago Champlain aparecía una y otra vez, pero lo descartaba cada vez a causa de las lampreas que viven allí. ¡LAMPREAS! Son criaturas terroríficas, en serio, y la idea de tener que esquivar una en una tercera noche de oscuridad era realmente poco atractiva. Si embargo cuanto más mirábamos más nos parecía que no había otra opción que enfrentarme a mi miedo a las lampreas y empezar a planear la travesía en Champlain.

Al planear una gran travesía necesitas tener en cuenta unas cuantas cosas: necesitas un equipo y necesitas barcas. Sin esos, no tienes travesía. Yo normalmente trabajo en ambas cosas a la vez.

Para el equipo: en una travesía así de larga necesitas al menos dos observadores. También necesitas al menos dos personas que puedan manejar barcas grandes (yates y veleros son muy diferentes de kayaks o lanchas, y necesitas gente capaz y que se sientan a gusto manejando barcas grandes). También necesitas gente para los kayaks, y gente que nade a tu lado y te acompañe. También quería a alguien con conocimientos médicos, por si acaso. También querrás tener a un grupo de gente que no se maten entre ellos tras 3 días encerrados en un sitio minúsculo. Para el lago Powell el equipo fue de 13 personas. Eso me parecía demasiada gente, así que quería tratar de fijar algunos roles en este equipo, para evitar que se pisaran entre ellos. Aunque al final terminamos teniendo 12 personas para el lago Champlain. Teníamos dos observadores, dos patrones de velero, y 8 personas más para ayudar con el manejo de la lancha, del kayak, nadar conmigo, y los avituallamientos. Al final, aunque podríamos habernos apañado con menos gente, estoy muy agradecida con cada una de las personas embarcadas en la aventura.

Al final tenía el mejor equipo del mundo:

  • Observadores: Evan Morrison y Elaine Howley
  • Patrones: Craig Lenning y Andrew Malinak
  • Enfermero: Alex Thomas
  • Jefe de equipo: Ryan Willis
  • Equipo de apoyo: Scott Olson, Ken Classen, Becky Baxter, Melody Maxson, Cathy Delneo, Phil White

Entre todos suman un montón increíble de horas asistiendo en travesías. Siete de ellos participaron en la del lago Powell. Cinco son además experimentados y fenomenales nadadores en aguas abiertas. Casi todos ellos han participado como equipo en otras travesías. Evan y Elaine son observadores de primera. Si quería un equipo de ensueño, ahí estaba.

En lo que se refiere a las barcas, había más opciones en Champlain que en Green Bay, pero en ningún caso tantas como en el lago Powell. Como barcos de apoyo, quieres una mezcla entre un gran barco base, una lancha más pequeña, y uno o dos kayaks. Encontramos un yate, mi amigo Scott de Minnesota convino en traer dos kayaks, y Phil White dijo que se nos uniría con su barca. Pero alrededor de una semana antes de la travesía, la empresa de alquiler nos dijo que el barco había tenido un accidente y no tenían otros disponibles. Entonces Phil me hizo saber que su barca también había sufrido las inclemencias del tiempo y no se podía usar. Eso significaba que, una semana antes de la travesía, tenía que apresurarme a encontrar dos nuevas opciones para los barcos. Mi hermana Melody encontró la lancha-catamarán que finalmente usaríamos, y Evan localizó una compañía de alquiler de veleros en Plattsburgh. Como resultado de un gran trabajo de equipo, encontramos un velero de 15 metros y una lancha-catamarán de 7 metros que estaban disponibles para las fechas de la travesía. Estaba TAN estresada intentando encontrar otros barcos en el último minuto… Pero tengo que decir que, ahora que he probado el velero, nunca usaré otra cosa. Era capaz de aguantar viento y olas de una manera que una lancha no conseguiría. Además venía con una neumática de 3 metros que se demostró también inestimable.

Lo siguiente en el plan es la definición de la ruta. Para eso acudí a mi amigo Karl Kingery, quien había sido esencial en la definición de la ruta del lago Powell. Mirando patrones meteorológicos e investigando un poco sobre el lago, quedó bastante claro que el viento sopla predominantemente de sur a norte a través del lago. En el lago Powell el viento sopla en cualquier dirección, por eso tuve viento de cara unos cuantos días. Realmente me gustaba la idea de poder trabajar con patrones de viento consistentes, para poder evitar dos días de nadar contra el viento. El primer plan era empezar a nadar en el extremo sur, cerca de Whitehall, llegando cerca del extremo norte en Rouses Point. Pero cuanto más investigábamos, más cuenta nos dábamos de que en ocasiones se crea en el lago una corriente sur-norte. Esta corriente es débil, pero depende del caudal de los ríos tributarios del lago (debido a presas o a lluvias) y del viento. Un vez nos dimos cuenta, tenía que decidirme: ¿quería una travesía lineal de Whitehall a Rouses Point, o quería completar una travesía non-stop de 150 km? La verdad es que quería ambas cosas, pero habría sido demoledor nadar 150 km para que luego te digan que fue una travesía con ayuda de la corriente. Hablando con mi equipo y los observadores, convinimos que una ruta en lazo sería nuestra mejor opción. (Definiciones y explicaciones de lo que es una ruta en lazo ya han sido posteadas por Evan y el MSF, si necesitáis más explicaciones sobre ello.) Fue duro para mí abandonar la idea de ir de un punto a otro. Como nadadora de travesías de larga distancia, me gusta la idea de ir a algún sitio, empezar en un sitio y terminar en otro. Pero también era importante para mí el completar una travesía neutra en lo que se refiere a corrientes.

La ruta en lazo nos daba algunas ventajas, además de asegurar la neutralidad de corrientes. Primero, en la ruta original, los primeros 45 kilómetros habrían sido bastante movidos y con viento, como en el lago Powell. Eso es duro tanto para medir distancias como para la navegación del equipo. También habría sido en aguas poco profundas, por lo que el barco de apoyo tendría que haber ido por el canal de navegación, mientras yo botaba por el río junto un kayak. Además el lago es muy estrecho allí, o sea que llevar mi armada por ahí habría sido estresante para todos. Y finalmente, la calidad del agua en esa zona inferior del lago no es la mejor. Todo el mundo con el que hablamos nos dijo que “probablemente” no me pondría enferma por nadar allí, pero la Guardia Costera nos recomendó que me enjuagara la boca antes de cada avituallamiento durante los primeros 45 km o así. Con la ruta en lazo podríamos nadar en aguas más limpias y claras, disminuir los puntos de marca en la ruta (por tanto haciéndola más sencilla), y tranquilizar mi mente en lo que se refiere a ponerme enferma por el agua.

Para el entrenamiento, admito que empecé poco a poco. Estaba dolorida/machacada/cansada/quemada tras el lago Powell. Casi no nadé en octubre, noviembre y diciembre (como 2, tal vez 3 sesiones por semana). Gané unos 6 kg. El plan para esta travesía realmente empezó tras las fiestas, así que fue entonces cuando vi que tenía que empezar a mover el culo. Entrené bastante bien en enero (llegué hasta unos 30 km por semana durante unas cuantas semanas), hasta llegar a febrero, para las 24h de relevos de Suzie Dods en San Francisco. Pero entonces Ryan y yo estuvimos una semana de vacaciones en México en febrero, y enfermé al volver. Me tomó todo el resto de febrero volver al nivel al que estaba en enero. En marzo nadé genial, llegando a 3 semanas haciendo 50 km (las dos últimas de marzo y la primera de abril). A finales de abril tuve que viajar, y a la vuelta volví a estar enferma, o sea que bajé bastante las 2 últimas semanas de abril. En mayo, quedando solo 3 meses para la travesía, me puse las pilas. Tuve 4 semanas en mayo a 60 km semanales, y algo de entrenamiento “real” con la travesía de Mercer Island en la primera semana de junio. En junio y julio nadé 85 km semanales o más, con unas pocas semanas bastante más de 100 km. Estaba dolorida, cansada, pero realmente mentalizada. Perdí esos 6 kg y Ryan decía que estaba más fuerte de lo que recordaba haberme visto nunca. Acabé mi entrenamiento con una travesía de 35 km en el lago Grand de Oklahoma después de la boda de mi hermana, y entonces empecé a disminuir el volumen de entrenamientos drásticamente. Siempre me han ido mejor las disminuciones cortas, así que tenía exactamente 15 días entre ese entrenamiento de 35 km y el momento en que me iba a meter en el agua en el lago Champlain.

En esos 15 días me aseguré de comer de una manera lo más sana posible, relajarme y dormir tanto como pudiera, y centrarme en sesiones de alta intensidad, con algunas pocas más largas y relajadas. A causa del viaje no nadé nada el sábado ni el domingo previos a la travesía, que iba a empezar el lunes.

Volamos a Albany (Nueva York) el sábado por la mañana, donde nos reunimos con la mayor parte del equipo en una casa que había alquilado en Elizabethtown. El domingo hicimos unas compras y los preparativos finales para la travesía. El domingo por la tarde la mayoría del equipo fueron a cargar las barcas y a dormir en el velero. También el domingo por la noche nos entregaron la lancha en Rouses Point, así que dos miembros del equipo durmieron en ella. El lunes me desperté a las 6.30h e hicimos en coche el trayecto de 1 hora hasta el punto de salida. Allí tenía a 6 miembros del equipo; los otros 6 estaban en el velero y venían hacia nosotros, se nos unirían cuando yo llevara cerca de 1 hora nadando.

Exactamente a las 8.30h, tras mi rutina habitual con la lanolina y el Desitin (N. del T.: protector solar), me metí en el agua en la rampa de varada pública de Rouses Point. En Powell, ese momento había sido aterrador para mí. Ahora estaba llena de expectativas, excitación y sabía lo que iba a pasar. Sabía exactamente lo que tenía frente a mí, desde un punto de vista mental, y sabía que estaba preparada. También sabía que había entrenado mejor que para el lago Powell, o sea que sabía que físicamente estaba tan preparada como se puede estar.

Durante la mayor parte del primer día el agua estuvo calmada y plana, mejor de lo que podríamos haber imaginado. Estaba nublado, con solo algo de lluvias débiles aquí y allí. El primer día fue genial: todo el mundo quedó bien instalado, nadé a través de un banco de lampreas ENORMES sin incidente, y avancé mucho. Normalmente no me importa nadar de noche, pero es duro enfrentarse al inicio de una primera noche sabiendo que habrá otras dos más. Hice un buen trabajo mental para mantenerme positiva y presente, no como en el lago Powell. Llovió la mayor parte de la primera noche, y se levantó bastante viento de cara, continuo pero no terrible. El viento de cara me provocó algo de dolor en los hombros y articulaciones que me preocupó un poco, pero la noche fue bastante corta ya que el sol no terminó de ponerse hasta las 21.30h, y hacia las 5.00h empezamos a ver iluminarse el cielo nocturno. Cuando el sol salió el martes por la mañana habíamos llegado casi hasta Four Brothers, lo que me pareció increíble. Nunca me habría imaginado ser capaz de llegar tan lejos en 24 horas, o sea que entre el sol saliendo, las nubes aclarándose y el viento girando en redondo para empujarnos me sentía realmente muy muy bien, a pesar de mis preocupaciones de la noche.

Volamos por el lago con viento de cola hasta la isla Gardiner, el punto donde debíamos dar media vuelta. Cuando me di cuenta de que había alcanzado la mitad del recorrido en 30 horas me quedé pasmada. Eso era lo más rápido que había nadado nunca 75 km, y me sentía realmente fuerte. La pequeña isla era preciosa; vi a unos pescadores coger un lucio, y ese momento me sirvió para hacer un reset. Sabía que la segunda mitad iba a ser dura, pero no podía creer lo genial que había sido la primera hasta ese momento.

Habíamos tenido suerte con el viento de norte a sur durante el martes, pero sabía que en cuanto rodeara la isla para volver a subir hacia el norte esa bendición se iba a convertir en un gran obstáculo. Y lo fue. El viento de cara te quita todo el calor, y realmente te agota mentalmente. Dimos vuelta a la isla a las 14.30h y luchamos contra el viento el resto de la tarde-noche. Esperábamos que hacia las 20.00h volveríamos a tener viento de cola, pero el viento se mantuvo de manera constante contra mi cara durante mucho, mucho tiempo.

Prepararse para la segunda noche fue duro, pero mi equipo se mantuvo muy positivo y cuidó de mí. Justo antes de la puesta de sol tuve unos momentos a solas con Ryan en el kayak. En una travesía como esta, prácticamente solo puedes oír a tu kayakista. Yo llevo tapones para los oídos y, entre el ruido de los motores y el viento, es difícil oír lo que se dice pocos metros más allá. Hasta el momento Ryan solo había estado en la lancha; aunque yo sabía que él estaba allí, estuvo bien tenerle un momento en el kayak y poder hablar con él sin tener que gritar y que todo el mundo nos oyera. Él me entiende, así que tener un momento para expresar cosas sin tener que preocupar a nadie más es un alivio (le quiero tanto…) y me hace sentir más calmada, más confiada, más tranquila. La puesta de sol fue sensacional y empezamos con los avituallamientos calientes y 50 mg de cafeína cada 2 avituallamientos mientras caía la noche. El viento se mantuvo de cara hasta las 23.00h o así, momento en que se empezó a calmar poco a poco y luego volvió a su orientación normal de sur a norte. Ken se tiró al agua y nadó 1 hora conmigo, y luego Andrew durante unos 45 minutos sobre las 2.00h. Esperaba que Craig lo hiciera sobre las 3.00h, pero poco después de que Andrew saliera se levantó viento. No pasó mucho tiempo hasta que el velero y la lancha fueron incapaces de mantenerse junto a mí porque el viento los empujaba fuerte hacia adelante. Yo surfeaba las olas y me parecía estar en el océano. Mi kayakista era zarandeado y movido hacia todos lados. Daba un poco de miedo, pero me encantó CADA SEGUNDO que pasé. Me preocupaba mi mamá: se marea mucho en barco; pero todos me dijeron que ella estaba bien (mintieron, por si servía de algo; se pasó la mayor parte de la noche y del día siguiente vomitando). Las horas desde las 3.00h hasta el alba son siempre las peores, pero el viento de cola que tuvimos de 3.00h a 5.00h lo hizo tan divertido que casi ni me di cuenta y llegamos a la luz del día rápidamente.

A medida que se acercaba el alba del miércoles el viento bajó un poco, pero las condiciones aún eran duras. El lago estaba bastante picado así que, aunque me iba a favor, incluso así era duro. Las olas chocaban contra mi cabeza durante los avituallamientos. La lancha se mantenía lejos un poco más adelante, temían dar la vuelta y arriesgarse a que se inundara. Mi kayakista lo pasaba mal en los avituallamientos, así que tuvo que quitar los cabos de mis botellas para evitar que se enrollaran en mí. Yo bebía, y luego simplemente dejaba la botella esperando que él podría encontrarla entre las olas. La salida del sol fue magnífica, pero yo estaba un poco decepcionada del poco progreso que había hecho desde que había dado vuelta a la isla. El viento de cola me empujaba, pero las cerca de 9 horas de viento de cara del día anterior me hacían pagar su peaje. Me encontré sintiéndome un poco baja de moral; echaba de menos a Ryan, que estaba en la lancha por ahí adelante. Los nervios de perder de vista a menudo el kayak y el velero me estaban empezando a desgastar. Podía ver el estrés que tenía el equipo desde la noche anterior. Sabía que se estaban cansando. Llevaba despierta 48 horas y me estaba poniendo sensible. Admito unas pocas lágrimas en ese punto, aunque nunca el colapso que sufrí en Powell. Estaba sensible y cansada, pero nunca consideré el salir. Durante ese rato, Craig y Elaine vinieron a ayudar al kayakista en la pequeña neumática del velero, y ayudaron a animarme y hacerme pasar esa mañana tan larga. Un desconocido que nos había visto online vino a animarme; había escrito en su neumática (¡EN ROTULADOR PERMANENTE!!) “ADELANTE Sarah”. Me cantó canciones en mis avituallamientos, y ayudó al equipo cuando todos estábamos ya tan dispersos.

A medida que avanzaba la mañana fui entrando en calor, el sol salió y las cosas empezaron a volver a su lugar. Cuando habíamos dado la vuelta el día anterior, había esperado terminar hacia medianoche. A medida que me daban actualizaciones sobre mi posición, me empecé a dar cuenta de que la llegada sería bastante pasada la medianoche. Debería haberme puesto contenta: pasara lo que pasase iba a terminar antes de las 72 horas que me había puesto como objetivo, pero después de haber tenido esperanzas de terminar hacia medianoche, tuve que luchar realmente duro para mentalizarme en desechar la idea y decirme que estaba bien, que terminaría cuando terminase. Ese tercer día había sido el mejor en Powell, así que me estaba costando llevar el hecho de que ESTE tercer día estaba siendo más duro. Pero de nuevo doy las gracias a mi equipo. Sabían que necesitaba un empujón, así que hicieron que Evan se metiera en el agua, aunque él ya había dicho con anterioridad que no contara con ello. Nadar con él fue ciertamente un honor. Y entonces, una hora más tarde o así, sobre las 13 o 14h, Ryan pudo volver en la lancha y Craig y Elaine saltaron al agua a la vez y nadaron conmigo un rato. Aunque el viento cambió y se puso a soplar de cara, y pasé gran parte de la mañana llorando, toda esa gente positiva a mi alrededor me hizo sentir mil veces mejor y me ayudaron a seguir dándole.

Sobre las 17.00h noté que empezaba a sentirme un poco ida. No diría que tuve alucinaciones, pero el sol y las sombras me jugaban malas pasadas en los ojos, haciendo que tuviera que pensarlo dos veces antes de poder procesar qué estaba mirando exactamente. Todo empezó a tener los bordes difusos y, de repente, quedarme dormida boca abajo en el agua no me pareció en absoluto una mala idea. Esto me provocó algo de pánico, así que en el siguiente avituallamiento dije que necesitaba ya mis pastillas de cafeína. Tienen unos 50 mg cada pastilla, que uso para suplementar los 50 mg que ya estaba tomando con mis electrolitos cada hora y media. Me costó mis buenos 30 minutos sentir que volvía a la normalidad, pero funcionó y ya estábamos de nuevo metidos en faena.

La tarde fue preciosa. El viento iba muriendo a medida que el sol bajaba, y tuvimos el regalo de otra bella puesta de sol. Habíamos trazado un buen plan para la tercera noche, y mi equipo estuvo fantástico para mantenerme continuamente motivada. La sensación de estar ida volvió unas pocas veces, pero tomando una pastilla en cada ocasión pareció que me mantenía firme. Tuve mucha suerte de que la última noche fuera apacible; fue como nadar en una manta de terciopelo, suave y cálida. El agua estuvo un par de grados más caliente durante los últimos 10 km, y la ausencia de viento ayudó a mantenerme más caliente de lo que había estado. (El agua estuvo a unos 21ºC todo el rato, tal vez variando en 2 o 3 grados en algún punto, pero bastante constante. Normalmente 21ºC es caliente, pero sumando el viento y el nadar durante varios días hace que al final la notes bastante fresca. Tuve muchos menos temblores y tiritones que en el lago Powell, así que me sentí bien; pero incluso así una se siente vieja teniendo frío durante tanto tiempo.)

Dicho esto, la última parte de la travesía fue tirando a asquerosa, a pesar de las condiciones de calma. Había muy poca profundidad, con muchas y muchas algas que se liaban en mis brazos y piernas. Estaba preparada para ello, ya que había nadado por ahí a la ida, pero ni con esas lo pasé bien. Tengo algunas rascadas de trozos afilados de algas, y tenía el bañador lleno de porquería; me picaba y me rozaba en todas partes. La combinación entre cafeína y falta de sueño me hacían sentir como borracha (o lo que imagino que es estar borracha, porque no bebo), así que mis avituallamientos empezaron a tomarme más tiempo, porque quería pararme y hablar de todas las cosas divertidas que me pasaban por la cabeza. Ryan finalmente me sacó de ese estado diciéndome que era hora de ponerse a nadar otra vez. Y después de eso mi equipo decidió no darme conversación. Estuvo bien, sabía que necesitaba seguir nadando. También sabía que estaban nerviosos porque me estaba entreteniendo en los dominios de las lampreas, o sea que todos queríamos que la cosa avanzase. Pero tras tres días de no hablar, de repente tenía mucho que decir. Pero brazada a brazada, avituallamiento tras avituallamiento, poco a poco hicimos camino hacia la línea de meta. Estaba feliz y tranquila, pero realmente estaba empezando a estar un poco harta de nadar.

Nos costó un poco encontrar el punto de llegada, pero cuando finalmente llegamos y vi la lancha acelerar hacia tierra para esperarme, sentí el mayor alivio que he sentido en mi vida. La travesía del lago Powell estuvo llena de alegría y felicidad mientras esprintaba hacia la meta. Esta vez, ya iba siendo hora de salir. No hubo acelerón hacia el final; mi cuerpo y mi mente no tenían otra cosa que ofrecer que mi lentísima cadencia de brazadas de crol. Cuando la rampa de varada apareció ante mí, cambié a braza para poder ver más fácilmente el punto de salida y el suelo debajo de mí. Cuando las algas dieron paso al cemento pude poner pie a tierra. Tuve cuidado de recordar cuán resbaladiza era la rampa, así que salí poco a poco. Sentí un cosquilleo en mis tobillos y mis pies a medida que trabajaban para soportar cada vez más mi peso, tras tres días sin carga y con los dedos de los pies en punta. En cuanto di mis primeros pasos fuera del agua y levanté los brazos en triunfo, mi amigo Craig me esperaba con una toalla y él y Ryan me subieron 5 escalones hasta un lugar donde pudiera sentarme. Como esperaba, mi cuerpo empezó a temblar pero no tenía frío. Sentada allí, con mi familia y amigos alrededor, celebrando la primera travesía de la historia de 160 km, es algo que nunca olvidaré. Mi cuerpo estaba exhausto, mi cerebro estaba frito, y sin embargo estaba llena de gratitud por que tanta gente estuviera allí para ayudarme y animarme a cumplir un sueño. Ninguna travesía de esta magnitud podría NUNCA considerarse un esfuerzo individual, así que estoy extremadamente agradecida por que esos 12 miembros del equipo estuvieran allí para atestiguarlo, documentarlo y apoyarme.

Y para ser transparente al 100% compartiré lo que sucedió a continuación. No es bonito, así que si queréis el cuento feliz de conquistar lagos y nadar 160 km, parad ahora.

Tras unos minutos sentada (podéis verlo en Facebook Live) Elaine y Ryan me llevaron a un aseo maloliente pero caliente, y me desnudaron y me pusieron ropa seca. Ryan básicamente me sostenía recta mientras Elaine me sacaba todo y me ponía ropa seca. Incluso me ató los zapatos. Cuando me hubieron sacado el bañador, nos dimos cuenta de que toda la parte frontal de mi cuerpo estaba llena de terribles golpes y picaduras. Mi pecho derecho había sufrido rozaduras hasta hacerlo sangrar. Partes de mis brazos y hombros estaban tumefactos. Mi espalda tenía extrañas decoloraciones y ronchas. Los lados de mi bañador habían rozado zonas hasta dejarlas en carne viva, en lo que parecían marcas de garras. No era bonito de ver.

Después de haberme vestido me metieron en la furgoneta de Scott. Craig me ofreció algo de comida, creo que comí algo de uva y galletitas de trigo. Hubo un poco de lío con los coches, pero finalmente nos dirigimos hacia el sur, a Plattsburgh, donde cogimos una habitación de hotel. Estuve despierta y hablando durante los 45 minutos de trayecto. Recordé que el portátil de mi mamá estaba en la furgoneta de Phil, para que no lo olvidásemos. Aún así, apenas podía andar cuando me sacaron de la furgoneta. Una vez en la habitación del hotel, decidí que quería lavarme en la bañera. Debería haberme metido directamente en la cama. Pero insistí en lo del baño y Ryan me desvistió y me metió en la bañera. Me sentó tan bien quitarme toda la porquería, echar jabón sobre las picadas, sacarme las lentillas y calentarme. Por desgracia creo que me calenté demasiado rápido, y mientras vaciábamos la bañera me desmayé. Lo vi venir y avisé a Ryan, pero fue demasiado tarde. Ryan tuvo que arrastrarme fuera de la bañera: mojada, desnuda, inconsciente y todavía cubierta en aceite de bebé (que es lo que quita el Desitin) hasta la cama. Volví en mí con él gritándome en la cara que me despertara. Parece que dejé de respirar durante unos pocos segundos, y tuvo que ponerme de lado en posición de seguridad. Por supuesto todo esto pasó en los 5 minutos en que mi primo había salido de la habitación para ir a ayudar con el tema de los coches. Para cuando llegó, yo ya estaba hablando de nuevo. Me tomó los signos vitales; la tensión era normal y mi frecuencia cardíaca era 52, la normal en mí. Averiguamos que había empezado a menstruar en algún momento de los días anteriores, y creemos que el agua caliente y la pérdida de sangre me hizo marearme más de lo normal. Fui capaz de meterme por mí misma en la cama y caí en un profundo sueño. Por aquel entonces eran sobre las 6.30h y teníamos que dejar el hotel a las 13.00h. Me desperté poco después de las 12.00h y tenía que ir a mear. Desperté a Ryan y me senté lentamente, pero me desmayé de nuevo, en la cama. Estuve inconsciente como medio segundo, pero obviamente Ryan no estaba nada contento. Alex me tomó de nuevo los signos vitales; todo seguía bien, y yo no estaba preocupada. Ya me había desmayado al tratar de ir al baño tras el lago Powell, y a pesar de algunos calambres estomacales me sentía normal y creía que simplemente necesitaba algo más de sueño y trabajar mis transiciones de horizontal a vertical. ¡La lucha es real! Alex y Ryan intentaron convencerme para ir al hospital, pero soy tozuda y dije que no. Mientras estaba sentada en la cama empecé a sentirme mucho mejor. Alex y Ryan recogieron todo para poder irnos y yo pude andar hasta el coche por mí misma.

Para desayunar me dieron un burrito y un batido de vainilla, y volvimos en coche a la casa de alquiler. Me metí en la cama y dormí otras 5 o 6 horas. Me desperté, tomé una ducha de verdad, comí algo de pizza para cenar, y volví a la cama. Cuando me desperté el viernes por la mañana me sentía genial. Me dolía la garganta y tenía la lengua algo hinchada, lo que hacía que comer y beber fuera un reto, pero por lo demás me sentía bien. Fuimos todos a desayunar y luego nos relajamos en la casa. El viernes por la tarde hicimos una corta excursión para visitar Lake Placid. El sábado ya casi estaba al 100% recuperada (simplemente cansada), mi garganta estaba mejor, y fuimos a pasar el día a Montreal. El domingo volamos de regreso a casa. El lunes fue la vuelta al trabajo.

Pues aquí lo tenéis, de principio a fin. Ryan dice que no me va a dejar nadar 160 km otra vez: verme dejar de respirar, ni que solo fuera un segundo, fue suficiente. También es suficiente para mí. Sé que mis brazos podrían haber seguido, pero sé que mi cabeza tenía suficiente. 67 horas de nado es suficiente para mí. Lo bueno es que hay un montón de travesías entre 1 y 160 km que aún me gustaría hacer. Tengo la Swim the Suck en octubre, nada importante planeado para 2018, pero un estrecho de Cook y un 4-vueltas al Canal de la Mancha para 2019.

Adelante, amigos nadadores. ¡Tendremos más aventuras!

 

(Imagen de portada por Jeremy Bishop; libre de licencia, obtenida en Unsplash.)


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