Ya he explicado alguna otra vez lo que supone nadar bajo el paraguas de las (intencionadamente puristas) Reglas del Canal, de la Marathon Swimmers Federation o similares; esto es, nadar “sin asistencia”: bañador, gafas y gorro; y unos pocos accesorios permitidos:

  • Tapones para oídos o nariz
  • Protección solar
  • Vaselina
  • Luces para que te vean de noche
  • Un reloj “normal”

Completan el kit la barca o el kayak de apoyo (que no podrás tocar en ningún momento, ni a sus tripulantes) y el avituallamiento; con ese equipo minimalista ya puedes lanzarte a la aventura.

Y si quieres que tu nombre quede en los anales del deporte, todavía tienes que seguir otra regla: registrarla adecuadamente. Es la única manera de establecer con seguridad que el Canal de la Mancha lo han nadado 1829 personas; el del Norte, 50; o las Farallon, 5.

¿Por qué un observador?

Cuando uno se lanza a través de un brazo de mar, no tiene muchos testigos para probar la gesta realizada. Un observador independiente se hace estrictamente necesario.

En la comunidad de nadadores maratonianos se da mucho valor a la honestidad, y hay cierta querencia por marginar a charlatanes y timadores (que los hay, como en todos los deportes). De ahí que en muchos puntos calientes de la natación en aguas abiertas existan asociaciones que velan por certificar que los nadadores que presuman de haber hecho una travesía, la hayan hecho de verdad: la Mancha, Gibraltar, Manhattan, Menorca, Cook, Catalina, y tantas otras… Estas asociaciones facilitan barcas con patrones conocedores de la zona, que guían al nadador; barcas en las que siempre va un “observador”.

El observador es de hecho quien atestigua y certifica que:

La totalidad de la travesía, desde el principio hasta el final, se realizó estrictamente de acuerdo con las Reglas y el espíritu tradicional de las maratones a nado.

¿Qué características debe tener un observador?: básicamente, ser imparcial e independiente. (No, no sirve que tu madre asegure que ella te vio hacerlo…) Además es deseable que esté familiarizado con las Reglas, el espíritu de las maratones a nado, y las responsabilidades que implica ser un observador.

Por un lado no debe ser el único testigo de la travesía, ni debe hacer funciones de apoyo (otras personas deberán hacer de patrón, de guía, encargarse de los avituallamientos, etc.). Por el otro, su papel no consiste solo en certificar que el nadador nade con el equipo permitido, o que no toque la barca en ningún momento; también tiene que documentar la travesía.

Evidentemente, todo esto tiene poca importancia si simplemente quieres nadar por tu cuenta una travesía larga. Pero si quieres que se te reconozca una verdadera gesta, tendrás que aportar evidencias. Como se suele decir:

Afirmaciones extraordinarias requieren de pruebas extraordinarias.

El “Diario del observador”

El observador registra lo que ve, en un “Diario del observador”; será el documento principal para atestiguar que se realizó la travesía. Debe incluir:

  • Los puntos de salida y llegada, y la ruta seguida (la distancia de la travesía será la que marque la línea recta entre los puntos; no la real seguida por el nadador)
  • Las horas de salida y llegada
  • Lista del equipo usado por el nadador
  • Avituallamientos (frecuencia; que se tomó en cada uno; duración de la parada; si se tomó algún medicamento)
  • Parámetros varios a intervalos regulares:
    • Localización (coordenadas) con el GPS
    • Temperaturas del agua y ambiental
    • Velocidad del viento, y dirección
    • Altura de ola (o estado del mar)
    • Frecuencia de brazada del nadador (brazadas por minuto)
  • Cualquier suceso relevante que pueda afectar a la travesía: corrientes, mareas, encuentros con animales o barcos…
  • Se indicará (antes de empezar la travesía) si se hace alguna excepción a las Reglas, o si se utilizan otras reglas
Anverso del modelo de “Diario del observador” de la Marathon Swimmers Federation, con los datos generales de la travesía
Reverso del mismo modelo; cada fila de la tabla corresponderá a una observación
Tabla de observaciones, rellenada (corresponde a la travesía de Chloe McCardel en Bahamas, récord de distancia en el mar)

El registro debe realizarse con el apoyo de documentos gráficos (fotos y vídeos). Idealmente, también el track del GPS. Puedes ver muchas travesías documentadas aquí (entre ellas la de Tita Llorens, Ibiza-Mallorca (82 km), en 2016). Hay observadores que, en lugar de rellenar una tabla, escriben con un estilo más periodístico, tipo redacción de excursión con el cole (como ejemplos este, y este otro).

El seguimiento de los datos anotados puede ayudar durante la travesía. Un observador experimentado, o tu entrenador, pueden ver cómo estás rindiendo en cada momento: la velocidad de nado, sus variaciones; la relación de estas con lo que has comido y bebido anteriormente; y sobre todo el ritmo de brazada (una disminución es un buen indicador del cansancio acumulado, pero también puede ser síntoma de un principio de hipotermia).

También puedes analizar, a posteriori, otros aspectos de la travesía; por ejemplo si perdiste demasiado tiempo en las paradas para avituallarte, o si algo que tomaste te afectó (para bien o para mal).

Y eso no solo sirve para el que nadó: estos informes son instructivos para cualquiera. De hecho una de las razones por las que se hacen públicos es que todos podamos aprender algo: maneras más eficientes de preparar nuestras travesías; qué fallos cometieron otros que no queramos repetir; aspectos de la preparación y la logística en los que no hayamos pensado…

Un buen ejemplo

El verano pasado reseñé la aventura de Sarah Thomas en el lago Champlain: 168 km en 67 horas. Hace unas semanas se hizo público el informe oficial de esa travesía; informe que hace justicia a la hazaña de la Thomas.

En él uno puede ver:

  • La ruta, en mapa a ser posible (más fácil, más intuitivo); y puede consultar el track
  • La velocidad de nado

  • La frecuencia de brazada

Y por supuesto leer al detalle cómo se desarrolló la travesía: 6.400 palabras con la narración de los observadores, más otras 5.000 en boca de la protagonista principal (que ya traduje); por comparar, este artículo tiene 1.200. La historia, explicada desde dentro.

Así aprendemos, por ejemplo, que se confundieron al empaquetar electrolitos con cafeína; que una de las barcas de apoyo se estropeó apenas empezada la aventura; que las luces de navegación del barco le molestaban al nadar; que un simple cambio de gafas se llevó 5 largos minutos; o que en cierto momento (hora 56) se levantó un viento de cara (Fuerza 3, unos 15 km/h) que hizo que la velocidad de nado bajara a menos de 1,5 km/h (esto son ¡4 minutos los 100 m!), cuando lo venía haciendo a 2,7 km/h (2’13” los 100 m).

Anécdotas, sí; pero que pueden servir de lección a cualquiera que esté preparando una travesía larga: hay que gestionar bien la logística (para evitar problemas con los avituallamientos); hacer pruebas (para evitar problemas con la barca); practicar (para evitar problemas en un cambio de gafas en el mar); o ser conscientes de que habrá momentos en que nadaremos mucho, pero mucho más lento de lo esperado.

(Imagen de portada, libre de licencia, por Irina Blok en Unsplash.)


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One response to “Observadores de maratones a nado: qué son, qué hacen, por qué

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