Hay muchísimos clubs de natación a pie de playa. Ideal: saltas del vestuario y caes en la arena; nadas el rato que quieras en el mar; sin preocuparte por las llaves del coche o por si todavía estarán la toalla y las chanclas cuando vuelvas; y al terminar puedes darte una ducha calentita.

El problema es la playa en la que aparezcas. ¿Y si es la Barceloneta? Sucia, masificada, con el agua casi siempre turbia…

Entonces ¿por qué escribir sobre ella?

Una razón cuantitativa: porque es donde más metros nado.

Una cualitativa: porque no sería justo escribir solo de lugares fantásticos.

Y otra salida del rincón oscuro de mi cabeza: terapia psicológica para saldar algunas cuentas pendientes.

La Barceloneta es la playa del barrio que le da nombre, el único de la ciudad con solera en lo que a playas se refiere. Pero es muchas otras cosas.

Es la playa a la que llegas tras un agradable paseo desde el centro.

Es la playa rodeada de bares y heladerías; panaderías y restaurantes; y últimamente supermercados sin horarios.

Por eso es también la playa que los turistas invaden en masa.

Es donde amanecen fiesteros y borrachos. Donde algunos hacen esculturas de arena para ganarse unas monedas. Donde el top manta ocupa el suelo del paseo.

Es El Dorado de ladrones.

Es donde patinetes eléctricos de alquiler aterrorizan a los paseantes; donde la bicis van por el paseo, y los paseantes por el carril bici.

Pero en invierno es algo más: es una playa de verdad, de las de arena limpia y mar calma, con poca gente, donde sí merece la pena pasear y nadar.

¿Cuál es la verdadera alma de la Barceloneta?

¿Doctor Jekill?

¿O Mr. Hyde?

Dónde está, recorridos y distancias

La Barceloneta está dividida en varias mini-playas separadas por espigones; de norte a sur: Somorrostro, Barceloneta, Sant Miquel, Sant Sebastià. En total, apenas 1750 metros de una punta a la otra; 3,5 km si vas y vuelves. Pero para eso tendrás que atravesar el “Espigó del gas” (con lo que eso implica, sobre todo tras días de lluvia intensa) y pasar por detrás de otro espigón, el que se hizo hace ya unos años (sin que nadie recuerde muy bien para qué) paralelo a la playa.

Pasar por detrás de esa isleta es buen entrenamiento para las olas: con el reflujo de las que chocan se crea el típico efecto lavadora que encontrarás en muchas travesías de la Costa Brava.

Constreñida entre el Port Olímpic y el puerto comercial (la Marina Vela y la nueva bocana – que aún se llama así pese a tener 15 años), saltarse esos límites es poco recomendable por el tráfico marítimo que hay; en total no da para mucho más de una hora de entrenamiento.

Lo que me gusta

Que la tengo frente al trabajo y puedo ir a nadar a la hora de comer.

Bueno, y que hay muchos servicios. Aunque se necesitaría bastante más policía; la limpieza queda desbordada con tanto guarro; demasiada gente pasa de lo de no poner la música alta; y muchos acampan allí por la noche…

Lo que no me gusta

El agua sucia; y si ha llovido, asquerosa.

El agua turbia. No porque no veas por dónde nadas, sino porque no ves las porquerías flotando con las que, indefectiblemente, vas a chocar.

La arena sucia; en temporada alta y por las tardes, aún más hedionda que el agua. (De verdad, cerdos, ¿tanto cuesta echar una lata, un vaso de sangría, las colillas, el papel del bocata, la bolsa de patatas, en una papelera?)

Tener que ir esquivando tablas de paddle surf; o los patines y la zodiac del Club Natación Barcelona, si nadas cerca del hotel vela.

Los ladrones: ni se te ocurra ir a darte un chapuzón sin nadie que te vigile la bolsa; no digamos ir a nadar media horita. Cualquier distracción (tomar el sol con los ojos entornados; escuchar música con cascos; darte el lote con tu novia…) te puede acarrear un disgusto.

El ruidoso helicóptero turístico que sobrevuela cada quince minutos.

La megafonía en quince idiomas, que ataca cuando el helicóptero da un respiro.

Cómo llegar

Nada más fácil: en metro, en bus, andando… Si vas en bici, llévate un par de buenos candados; y ata las dos ruedas y el sillín.

Si vas en coche o en moto… bueno, no hagas el primo: tienes muchas playas mucho mejores a un tiro de piedra.

De hecho, a menos que vivas aquí al lado, o trabajes aquí al lado, o vayas a la piscina aquí al lado, cualquier medio de transporte te llevará, en el mismo tiempo, a playas más agradecidas. ¿En serio quieres nadar aquí?

(Todas las imágenes, por el autor.)


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4 respuestas a “Lugares para nadar (o no): la Barceloneta

  1. Yo también voy a menudo. En mi caso dejo tidas las cosas en el Espai de Mar, que por un precio muy razonable ofrece taquilla, vestuarios decentes y ducha caliente. El problema es que este año han limitado los horarios de tarde hasta las 19:00, otros años cerraban a las 21:00. O llevas un entreno cronometrado o es dificil hacer tiradas largas entre semana para los que no tenemos una flexibilidad de horarios en el trabajo.

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    1. Pues sí, la verdad es que, en primavera y verano, cerrar a las 19h es casi como no tener abierto…
      Al menos es una opción a tener en cuenta. Ojala más playas tuvieran algo remotamente parecido!

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