Una larga crónica para una travesía larga en la que hubo final feliz, a pesar de todo.

Costó alcanzar la meta, y aún fue difícil izarse hasta ella: ¡no había escalera para subir al pantalán! Hasta allí, había tenido que nadar seiscientos interminables metros – en paralelo a las primeras casas de Amposta, una vez pasado el cuarto puente, el Puente Colgante.

El cuarto puente es, bueno, uno de los cuatro puentes por debajo de los cuales pasas antes de llegar a meta. Son una magnífica referencia para saber por dónde andas, cuánto queda. El problema es que del primero al segundo, y sobre todo del tercero al cuarto, hay mucha distancia, parece que no llegan nunca, se mofan de tus ganas de terminar. Pero van bien como metas volantes, si sigues la máxima de desglosar la travesía en tramos, de manera que no se te haga un mundo pensar en todo lo que te queda por nadar. Máxime si lo haces con el agua picada, pequeñas olas de apenas treinta centímetros, muy cortas, muy seguidas, en contra, que te abofetean la cara y te impiden llevar un estilo eficiente. Allí tuve que hacer verdaderos esfuerzos por mantener una brazada “limpia”, me sentí un corcho abandonado a los embates del mar…

Parte final de la travesía, con los cuatro puentes y la meta. Del 1º al 2º puente hay 2.100 m; 1.600 del 3º al 4º, que se hacen eternos; y desde allí aún quedan otros 600 hasta la meta.

(Puedes ver la zona de los cuatro puentes, la meta, y el resto de la travesía, en este mapa interactivo.)

Víctor (kayakista), servidor, y Marc (nadador acompañante), tras el final feliz.
El pantalán que hacía las veces de meta; sin escalera para subir… Al fondo, el Puente Colgante de Amposta.

No es cierto, sin embargo, el mito de que haya corriente en contra en esa zona. El viento, moderadamente fuerte, sube desde el mar y se lleva al kayak hacia arriba si este no rema; pero en cada avituallamiento pude comprobar que, sin nadar, una imperceptible corriente te lleva un par de metros río abajo – es fácil comprobarlo tomando un par de referencias en la orilla.

Ese viento en contra y las olas habían empezado unos kilómetros más arriba, poco después de la boya enorme, amarilla, que marcaba los 20 km (digo yo que sería esa, porque no tenía ninguna marca). Fueron los momentos más duros de la travesía: tras casi cuatro horas en el agua, viniendo de un tramo con corriente a favor (mentalmente ayuda saber que algo te está dando un empuje extra), de repente te encuentras sin apenas corriente y con unas olas incómodas, antipáticas, nadando en tierra de nadie, sin una referencia clara de dónde estás o cuánto queda. La boya de los 25 km ayudó un poco en ese sentido; pero fue una hora de sufrimiento y dudas hasta que el puente del gas apareció a lo lejos: un objetivo tangible, un ancla para la cabeza que ya empezaba a ir a la deriva.

En toda esta zona dominaban el viento y las olas, con una corriente poco apreciable.

Lo bueno había empezado a terminar en una zona con bancos de algas que había que esquivar, zigzagueando entre ellas, o incluso chapoteando por encima cuando te quedabas en medio de ellas. Anticipaban los momentos duros que vendrían después… Y eso que la boya de los 20 km me había parecido estar demasiado cerca de Tortosa. En cualquier caso ese fue el mejor tramo: a partir de Tortosa, con una corriente a favor moderada y sin remolinos, el río ancho y plano como cuando entrenas en la piscina a las 6 de la mañana.

(Los remolinos no son esos vórtices peliculeros que parece que se te vayan a tragar. Simplemente chocas con la corriente que sube y te quedas parado, tienes que volver a acelerar, con el desgaste que eso supone. Muy divertido en una travesía como la del Renaixement, pero después de dos horas nadando, y encarando otras cuatro, uno quiere un poco de tranquilidad, un agua plana en la que poder nadar de manera uniforme y sin sobresaltos…)

Disfruté mucho nadando esa parte. Ni siquiera tenía que preocuparme por orientarme: siempre hacia el Sol (más sobre esto un poco más abajo). Y además mi amigo Marc se había tirado al agua en Tortosa y nadaba a mi lado (*1), lo que rompía un poco la monotonía de la mañana.

Pasado Tortosa, la mejor zona para nadar.
Nadando en una zona de agua plana y buena corriente. (Por cierto que en esta foto se ve la importancia que tiene llevar un gorro de un color que destaque, o no, en el agua.)
El agua aquí todavía estaba tranquila, pero al poco aparecerían unos bancos de algas.

Tortosa marca la mitad del recorrido en kilómetros, pero corresponde a un tercio del tiempo de nado: se tarda el doble en hacer los segundos quince. Eso es porque entre Tivenys (punto de salida) y Tortosa el río es más estrecho y hay bastante corriente. ¡Es de lo más divertido nadar allí! Repetiría punto por punto lo que escribí tras la travesía del Renaixement del año pasado. Las únicas diferencias: que en esta ocasión no hubo ni una alga que molestara; que el agua estaba turbia (en pocos sitio se veía el fondo); y haber nadado tranquilo porque Tortosa no es más que una meta volante.

La primera mitad de la prueba es la misma que la Baixada del Renaixement, más los 1.800 m entre Tivenys y Xerta.
El río a su paso por Tortosa.
Poco después de Xerta, aún estábamos unos cuantos nadadores agrupados.

Un punto complicado, y que me tuvo preocupado bastante rato, era el paso por Xerta, a 1.800 m de la salida. Allí esperaban los kayaks, a un lado del río, para unirse cada uno a su nadador. El “jefe” de los kayakistas estaba unos metros más arriba, y se acercaba a los nadadores a medida que íbamos llegando; se fijaba en su dorsal, lo gritaba bien fuerte, y el kayak correspondiente salía de la fila y se acercaba a su nadador. Yo me cuidé de pasar bien cerca del kayak del que gritaba, para que viera bien mis números, y la verdad es que todo fue como una seda. Falta saber qué habría pasado si, en lugar de 27 nadadores, hubiéramos sido los 70 que suponen el máximo de inscripciones.

El pantalán, punto de salida en Tivenys.
El río, aguas abajo de la salida.

(*1) Marc vino como “nadador acompañante” autorizado por la organización, lo cual les agradezco mucho. ¡No pienses que pirateó la prueba!

Víctor o la importancia del kayakista

Desde luego es mucho mejor que tu kayakista sea alguien de confianza, y con quien puedas preparar la travesía al detalle con antelación. Y también hablar (¿incluso discutir?) con ella en el río, sobre la marcha: cambios de impresiones, cambios en la planificación de avituallamientos, no te acerques tanto que me molestas, no vayas tan lejos que no te veo… Alguien a quien puedas pedir que te haga fotos así y vídeos asá, o que te cuente las brazadas por minuto. Y que te dé ánimos (y tú a ella, no es fácil pasar seis o siete horas sentado en uno de estos, remando al sol y sacudiéndote hordas de hambrientas moscas negras).

Algunos de estos kayaks serán los que nos deje la organización. Esto es el embarcadero de Xerta.

Al fin y al cabo, las maratones a nado son un deporte de equipo.

La otra mitad de mi equipo era Vanessa, pero la hizo caer de la alineación un inoportuno viaje largo, por trabajo. Así pues no hubo equipo, ni preparación, ni entrenamientos/ensayos para practicar la mejor manera de avanzar juntos, los avituallamientos, etc. ¡Te eché mucho de menos, Vane!

(De hecho tenía una serie de artículos hilvanados, en los que iba a desgranar esa preparación: los entrenamientos junto a ella, para acostumbrarnos a ir uno junto a la otra, para ensayar la navegación y los avituallamientos; la logística, preparada al detalle (comida, bebida, otras cosas a llevar en el kayak); y el hecho de que nadador y kayakista formamos un equipo, con todo lo que eso implica. No sé si estos artículos verán algún día la luz…)

Eso sí, ninguna queja del sustituto que me puso la organización: Víctor hizo un excelente trabajo, sobrio pero efectivo, siguiendo mis instrucciones – por raras que le pudieran parecer. Se apañaba bien con el remo (no debe de ser fácil en la primera parte de la prueba, con tanta corriente) y aguantó como un jabato pese a algún que otro incidente, como el que le hizo perder las chanclas… Incluso le dio para hacer algunos vídeos y fotos. Y en la zona con algas nos dirigió de manera excelente por la parte en que había menos y se podía nadar. ¡Gracias por todo, Víctor!

Avituallamientos

Ya he hablado al principio de la idea de usar una meta volante (o más bien meta flotante) para hacer más llevadera la travesía, para tener un objetivo a corto plazo: puede ser algún punto físico (por ejemplo el siguiente puente) o, más fácil, simplemente el próximo avituallamiento. Por eso me gusta espaciarlos solo 20 minutos. Al principio puede parecer muy seguido (de hecho hice el primer avituallamiento a los 45 minutos, y luego ya cada 20). Pero cuando llevas cuatro horas nadando, la diferencia entre “venga, 15 minutos más y paro a beber algo”, o “¡uf!, aún 40 minutos para hacer un kit-kat” a mi me parece abismal, insufrible.

En el caso de la UltraEbre, además, con el agua a 25ºC y el calor asfixiante, estar una hora sin beber me parece directamente una receta para el desastre.

Es importante pactar con tu kayakista una señal para parar (porque mientras nadas no oyes lo que te gritan). En nuestro caso, Víctor simplemente me enseñaba la cesta en la que me iba a alcanzar la bebida (esas cestas las suministraba la organización).

También es importante ponérselo fácil: si tiene que preocuparse de mantener el kayak quieto, cerca de ti pero sin abrirte la cabeza, aguantar el remo con una mano y la cesta con la otra… Mejor si simplemente ha de meter la mano en la bolsa y sacar tu comida o bebida sin tener que rebuscar mucho. Mis recomendaciones:

  • Botellas de agua pequeñas (levantar una botella de 1,5 kg no es fácil mientras intentas mantenerte a flote, quieto, dando patadas de waterpolo y tras 5 horas nadando)
  • Bidones que contengan todos lo mismo (para evitar tener que discernir entre ellos, pidas el de naranja y te den el de limón)
  • ¡Haz las mezclas la noche antes! Que no tenga que hacer ese trabajo al kayakista en medio del río
  • Empaquetar la comida en raciones individuales, cada una bien etiquetada
  • No llevar mucha variedad de comida (de nuevo, para evitar que el kayakista pierda tiempo y energía buscando)
  • ¡Pensad también en los avituallamientos para el kayakista!
Las mezclas, la noche antes.

Para esta travesía hice un experimento que me salió bien: no tomé ningún avituallamiento sólido. Solo agua con maltodextrina, carbohidrato puro (95%) – al fin y al cabo es el combustible que necesita el cuerpo. Un vaso (unos 200 ml) cada 20 minutos. En ningún momento tuve sensación de debilidad o falta de energía (cosa que sí me pasa los días que voy a entrenar sin haber desayunado), y ni siquiera al terminar tenia mucha hambre. Sí es verdad que mi estómago protestó un poco hacia el final, pero creo que era más el hecho de no haber comido nada desde las 5 de la mañana, y no por necesidad real de echarle combustible sólido.

Sé que aquí expliqué el riesgo que supone experimentar el día de la prueba: comida o bebida que te sientan mal, un bañador nuevo que roza, unas gafas que has usado poco…, pueden convertir la travesía en un calvario. Tengo que decir que ya había ido probando la maltodextrina en entrenamientos largos; solo me faltaba averiguar (digamos que en una prueba de campo) si me bastaba para aguantar durante seis horas. Bastó.

Orientación

Autobombo: este post sobre orientación creo que me quedó bastante bien (pese a las fotos, editadas de manera algo cutre). Una de las cosas que decía en él es que, desde el agua, los edificios (aunque sean altos) parecen todos iguales. En efecto, apenas te alejas quinientos metros la costa empieza adquirir un perfil plano que hace que sea difícil distinguir lo que ves.

En el río esta sensación se acentúa al máximo: siempre hay árboles delante, a una distancia indefinida, y no sabes si son una isla o las orillas de un meandro. Desde el agua no distingues la forma sinuosa del río, y en la segunda parte del recorrido, con una anchura del orden de los 180 metros, a veces hasta cuesta saber hacia dónde tienes que nadar. Y perder la línea del centro del río puede suponer muchos metros de más nadados.

Incluso conociendo la dirección correcta, ¿cómo orientarte mientras nadas? Si te fijas en la cima de una colina, tres minutos después los árboles a los que te acercas te la tapan; si distingues la copa de un árbol que destaque, a los cincuenta metros ya las vuelves a ver todas iguales… Referencias útiles pueden ser las columnas de un puente o un campanario, pero no abundan. Principalmente usé el sol (como he dicho más arriba), que en muchos tramos teníamos justo de frente, o bien como “referencia desviada”.

Lo ideal sería, no obstante, que tu kayakista te orientara, ya que tiene mejor punto de vista (por más alto) que tú. Puede hacerlo de dos maneras:

  1. Diciéndote en cada momento las mejores referencias que puedes usar
  2. Marcándote con su proa la dirección a seguir

(Habría una tercera: que vaya delante de ti; pero esta la prohíbe explícitamente el reglamento de la prueba – en mi opinión, con buen criterio: saber orientarse bien forma parte de este deporte.)

Algunas conclusiones

O más bien una conclusión.

Había tantas cosas que preparar: la estrategia de carrera y los avituallamientos; el trabajo en equipo con la kayakista; estudiar el recorrido; cenar bien; preparar las bebidas; acostarse pronto… Pero fue casi tan desastroso como la Onco del año pasado: salir tarde del trabajo, hacer el equipaje con prisas, llegar justo para el briefing, tener apenas diez minutos para conocer y hablar con mi kayakista, cenar rápido y mal…

En el autocar, los ojos aún llenos de legañas, pensaba. “Es una travesía larga, había que prepararla bien; y por H o por B el plan se ha ido todo al traste. Pero tanta organización, ¿no será contraproducente? – por el estrés y el agobio cuando algo se tuerce. Demasiadas veces las cosas escapan a nuestro control. ¿Acaso no tengo bebida? ¿Bañador, gafas, gorro? ¡Suficiente! Pues despreocúpate, simplemente tírate y nada, swim and flow.”

Y eso hice. Hasta el final.

Ficha técnica

ULTRAEBRE SWIM MARATHON:

Las condiciones del agua fueron (las distancias son aproximadas):

  • Hasta Tortosa (km 15):
    • Corriente fuerte
    • Agua plana
    • Nada de viento
  • Hasta el km 20:
    • Corriente moderada
    • Agua plana
    • Viento suave
  • Hasta el km 25:
    • Corriente muy suave
    • Olas de 20 cm, de cara, muy seguidas
    • Viento moderado de cara
  • Hasta meta:
    • Corriente inapreciable
    • Olas de 30 cm, de cara, muy seguidas
    • Viento moderado de cara

Aunque la corriente que haya en el río hace variar en mucho el tiempo final de año en año, se puede decir que, aproximadamente, los 31 km de la travesía corresponderían a una travesía de 20 km sin ayuda de corriente.

Los datos del río en Tortosa en el día de autos a las 9.00h eran (obtenidos en la web de la Confederación Hidrográfica del Ebro):

  • Temperatura del agua: 25,5 ºC
  • Caudal: 178 m3/s
  • Calado del río: 1,15 m

Rojo y verde

La organización

La valoración es muy positiva:

  • Buena organización
  • Precio ajustado (180 euros, más 100 euros si necesitas que la organización te ponga el kayakista); ¡no olvidemos que es una travesía de 31 km!
  • Briefing excelente (tanto el electrónico como el presencial la noche anterior)
  • La organización garantiza guardarropa, el transporte de Tortosa a la salida, y la vuelta desde la llegada a Tortosa
  • Balizamiento escaso
  • Seguridad suficiente: un kayak dedicado para cada nadador, más 4 barcas a motor
  • Avituallamiento durante la prueba: a cargo del nadador
  • Avituallamiento después: bueno (fruta, bocadillos, bebida, ¡pizza!)
  • Bolsa del corredor: muy bien (muchos productos de muestra – geles y similares -, un polo, una toalla a la llegada)
  • Información logística buena (alojamientos, nutrición, etc.)

Se nota que es una organización pequeña y amateur (sin que eso tenga connotaciones negativas), pero con muchas ganas. La comunicación previa con ellos (por mail), en caso de tener dudas, es rápida y fluida. Con las explicaciones que dan se demuestra que quieren mejorar y dar mejor servicio de año en año. (Por ejemplo este año, como novedad, colocaron las boyas que marcaban los km 15, 20 y 25; y aseguran que para el año que viene pondrán alguna más.)

A destacar el hecho de que mandaran por mail una encuesta de satisfacción tras la prueba, lo cual dice mucho de ellos.

Una buenísima idea es el entrenamiento en el río el viernes por la mañana (al que no pude asistir), y que te den acceso a las piscinas de Tivenys y Amposta, si lo necesitas para entrenar de jueves a domingo

También me encantó el cronometraje manual. Lo prefiero mil veces, así no necesitas llevar chip; y total, un segundo arriba o abajo qué más da…

La única cosa mala que puedo decir es que el año pasado se anuló la prueba (no por culpa suya, sino a causa del poco caudal en el río). Lógicamente ofrecieron la opción de poder participar sin coste en la edición de 2018, pero a los que no se acogieron a esta opción no les devolvieron el dinero. Feo.

Bueno, y que dieran un polo en lugar de camiseta; pero eso es cuestión de gusto personal…

(Imágenes por el autor, excepto las tomadas por Víctor desde el kayak. Puedes ver el álbum de fotos de la organización en su Facebook.)

5.49.40


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One response to “Travesía UltraEbre 2018: Swim and Flow

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