Porque me molesta llevarlo; porque es incómodo nadar con él.

Porque no me gusta flotar tanto; me es desagradable, por artificial, llevar el cuerpo tan fuera del agua.

Porque con el agua por encima de 16ºC (cómo no) me agobia la sensación de sofoco que provoca.

Porque me gusta notar el agua en la piel; aunque esté fría. Porque resulta estimulante, me hace sentir vivo. Y por esa sensación de euforia, de misión cumplida al salir.

Pero, objetivamente, nadar con neopreno tiene tres grandes ventajas, tres:

  1. Flotas más
  2. Corres más
  3. Te enfrías menos

 

Frío

El neopreno te mantiene caliente. O más bien hace que tardes mucho, pero mucho más en enfriarte. Y la hipotermia es un riesgo real; por eso es mejor evitarla.

Además nadar con la sensación de frío es incómodo, a veces incluso desagradable. Hacerlo durante mucho rato no es fácil.

Imagen por Tina Rolf; libre de licencia, obtenida en Unsplash.

Pero sobre todo están los efectos fisiológicos. Para mantener el calor en el centro del cuerpo (esto es, en los órganos vitales) se produce la vasoconstricción periférica: los vasos sanguíneos se estrechan, llega menos sangre a la piel y a los músculos de las extremidades, lo que a su vez hace que los músculos se contraigan. (Todo esto es independiente de que seas capaz de soportar el frío o no.) Y nadar con los músculos contraídos es más duro, cansa más, y vas más lento.

El invierno pasado hacía el siguiente entrenamiento una vez a la semana: 1.500 metros en el mar (agua entre 14 y 17 ºC); tres minutos después (el tiempo de atravesar corriendo la playa y meterme en el club) hacía 10 series de 200 o 300 metros, y era incapaz de nadar a menos de 1’45’’ los 100. Para comparar, otro entrenamiento habitual es un 10x 400, que hago a 1’35’’ los 100 (todos en Aeróbico-2, con descansos de 15’’ entre series). ¡Un 10% más lento solo por el efecto de los músculos agarrotados!

Flotabilidad

El neopreno te hace flotar. Para mí esto es más importante que el tema del frío.

En general flotamos, pero muy poco. Si te quedas quieto en el agua, el aire en los pulmones hace flotar el torso, pero las piernas se hunden y arrastran al resto del cuerpo; quedarás entre dos aguas, y solo al cabo de un buen rato empezarás a subir. En cambio, si espiras, te irás al fondo y terminarás expirando… ¿Cuánto hace que no pruebas a hacer el muerto? Es un buen ejercicio para fortalecer el core porque, si no haces fuerza, te hundes.

De nuevo datos personales, ergo anecdóticos: si hago mis 10x 400 con el pull-buoy, la flotabilidad extra me permite bajar de 1’35’’ a 1’28’’ los 100, durante todo el ejercicio, sin moverme del Aeróbico-2.

Todo esto viene a que, tras una hora nadando, resulta que tienes que dedicar gran parte del esfuerzo a mantenerte a flote, más que a avanzar.

Velocidad

El neopreno te hace correr más: flotas más, tienes menos fricción con el agua, nadas más rápido. ¿Cuánto más? Del orden de 4 a 6 segundos los 100 metros, 1 minuto por kilómetro. En una travesía larga, el hecho de no tener que dedicar esfuerzo a flotar multiplica esa ganancia. Mis sensaciones son que podría nadar una de 7 km en 15 minutos menos.

(La tela lisa que envuelve al nepreno del traje por fuera también ayuda bastante con el tema de la fricción.)

Por eso muchos lo llevan: sin él es imposible competir, porque no estás en igualdad de condiciones.

¿Agua fría?

El agua fresca es vivificante. El agua fría duele (¡pruébala a 11ºC y luego me cuentas!). Hablamos siempre de “agua fría”, pero esa es una sensación muy relativa, subjetiva. ¿Dónde está la frontera? Yo la pondría sobre los 13ºC: menos, agua fría; más, simplemente fresca.

Temperaturas medias del agua en las costas españolas. Fuente: Instituto Geográfico Nacional

 

Ahora mismo, en Barcelona, está a a 20ºC:

y ya ves a poca gente en el mar, casi todos con neopreno. Pero hasta febrero y marzo no estará realmente fría (ya lo expliqué el invierno pasado); y difícilmente baje de los 13º.

¡Piensa que en Irlanda ya la tienen a 11,5ºC!

El reto

Si todo son ventajas, ¿por qué, pues, nadar sin?

No tengo nada contra los neoprenos, ni siquiera su precio. De hecho usé uno muchos años. Sí me molesta el tener que justificarme por no usarlo. Y que no haya clasificaciones separadas en las travesías.

Para nadar con neopreno básicamente hay que dar brazadas. Y ojo que no le quito mérito: hacerlo rápido, o durante horas, o hacerlo rápido durante horas no es fácil. Ahora más bien lo veo desde otro punto de vista: con el tiempo he ido encontrando que no usarlo tiene sus ventajas.

Al meterse en el agua fría uno tiene tendencia a agarrotarse, contraerse, a nadar como encogido (algo parecido al acto casi reflejo de encoger los hombros cuando estamos bajo la lluvia). Así es imposible nadar mucho rato. Ir sin neopreno me obliga a nadar relajado, a intentar ser consciente de qué músculos estoy contrayendo y tratar de relajarlos.

Flotar menos me obliga a optimizar la posición en el agua para ser más eficiente. Esto a su vez tiene varias implicaciones: mejorar mi técnica en la piscina; ser consciente de esa técnica y no descuidarla cuando nado en el mar; tener cierta fuerza abdominal (el core) para mantener una buena posición; y por tanto estar en mejor forma en general (en lugar de preocuparse solo de brazos y hombros).

Pese a que no es un chaleco salvavidas, el neopreno da cierta seguridad. No llevarlo hace que me preocupe mucho más por conocer el sitio donde voy a nadar: la temperatura (¡siempre una obsesión!), también la del aire; si habrá viento o no (es increíble el calor que pierdes en cada recobro, si hace frío o viento); el estado del mar; posibles rutas de escape si tengo que salir del agua a medio camino; o cuán lejos tendré la toalla cuando llegue a la playa. Todo esto le da cierto contenido a la excursión – antes de “desnudarme” habían llegado a convertirse en algo casi funcionarial, que hacía con el piloto automático.

Nadar en desventaja me permiten despreocuparme de la parte competitiva: asumo que todos me ganarán, solo lucho contra mí mismo.

Es una motivación perpetua, el reto que no cesa: cuánto más podré aguantar este año, qué tiempo y a qué temperatura podré nadar.

Y como la resistencia al frío también se entrena, me veo obligado a usar la piscina de agua fría del club. Es de solo 20 metros de largo, ¡pero la tengo toda para mí!

Cerveza sin alcohol, Coca-Cola sin cafeína, cocina sin sal, todo tiene menos sabor… Nadando sin, pasa todo lo contrario.

 

(Imagen de portada por Annie Spratt; libre de licencia, obtenida en Unsplash.)


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