Ya estamos en plena temporada de travesías. Si te ha tocado nadar en alguna con mala mar, o mala señalización, o pocos kayaks, tal vez habrás pensado en cómo se podría mejorar la seguridad.

Parafraseando a JFK: no preguntes lo que la travesía puede hacer por tu seguridad; pregunta lo que tú puedes hacer por ella (por la seguridad, quiero decir; que es tanto como decir por la travesía).

Para ser buen nadador de aguas abiertas, no basta con echarse al agua y nadar por encima de todo. A veces eso lo aprendemos por las bravas. Como cuando no llevas la boya y casi te pasa un paddle surf por encima. O aquel día que la vuelta se nos hizo dura por culpa de las olas. O alguna vez que se nos ha ocurrido atravesar la bocana de un puerto deportivo.

Seguridad. Pedimos mucha a los organizadores, pero también podemos (y debemos) poner de nuestra parte.

¿Cómo?

Sé honesto. Piensa si realmente estás preparado para esa travesía: si vas a ir demasiado lento, o demasiado cansado, habrá demasiada separación entre todos los participantes. Eso hará que las barcas y kayaks que forman el dispositivo de seguridad estén muy separadas, y su tiempo de reacción en caso de emergencia será más largo; por tanto la seguridad global de la travesía puede verse comprometida. Y ya no digamos cuando un kayak debe quedarse siguiendo en exclusiva al penúltimo nadador, descolgado, y otro kayak y una barca escoba más atrás aún, con un farolillo rojo que tiene toda la voluntad del mundo, pero no avanza.

Para nadar 7 km necesitas estar preparado para nadar 7 km – obvio –; no basta con flotar durante tres horas y media mientras avanzas un poco. Aunque ahí los primeros que fallan son los organizadores: el neopreno no es un chaleco salvavidas; una ayuda, por supuesto (y muy importante), pero no una medida de seguridad. Nadar a cientos de metros lejos de cualquier playa no es un paseo por el campo – aunque la travesía sea corta y el neopreno te mantenga calentito y por encima del agua.

Asegúrate de estar preparado para la distancia que vas a nadar

Hay días en que has dormido poco, o mal, o no te sentó bien el desayuno, qué sé yo; o crees que el mar está demasiado revuelto, el agua demasiado fría; o piensas que en mala hora te dejaste convencer, o te hiciste el gallito con tus amigos. Si antes de la salida no te ves en condiciones, no nades: una barca ocupada en evacuar nadadores (o vigilando a los últimos que van suuuuuuperlentos) está haciendo menos efectivo el dispositivo de seguridad.

Si la organización te hace salir del agua (por mala mar, por ser lento, por que haya medusas o tiburones, o cualquier otra razón que en ese momento no entiendas), hazles caso sin protestar.

Antes de empezar a nadar, atiende al briefing: seguro que tratan temas de de seguridad que debes conocer.

No piratees una travesía (no nades sin estar apuntado): estás usando recursos de seguridad que no te pertocan, robándoselos a los que han pagado religiosamente. Además puedes crear un problema a la organización, si es de las que se preocupan en hacer recuento a la llegada.

La organización quiere tener a los nadadores identificados, pero tú también querrás que te tengan en el radar: usa el gorro que toca. La obligación de llevarlo suele estar incluida en el reglamento de las travesías, por un par de buenas razones: distinguir los grupos de salida (distancias o tiempos; así de un vistazo la organización puede “clasificarte” como nadador), y visibilidad (para barcas, kayaks, socorristas…). Por cierto que lo ideal sería que el color fuera llamativo (fucsia, naranja, amarillo, verde fosforito…). La próxima vez que salgas al mar fíjate cuan invisible es un nadador con gorro azul, blanco, negro o gris.

Y aunque nunca querrás llegar a este punto, al inscribirte pon como número de emergencia uno de verdad: uno en el que alguien vaya a contestar, alguien que realmente pueda ayudar a ocuparse de la emergencia.

No siempre habrá alguien para vigilarte

Hace justo dos años leí un artículo en el que se decía:

Hay pruebas dónde los recorridos no están balizados, apenas hay boyas orientativas marcando el km en el que te encuentras, ni suficientes kayaks de apoyo. Nadar así se convierte en un infierno si te ves solo en mitad del mar. Nunca ningún nadador debería encontrarse solo, desorientado o perdido en medio del mar.

Yo pregunto: ¿Te pierdes si no hay una boya gigante cada 100 metros? ¿Te agobias cuando no sabes si llevas 2 o 5 km? ¿Te asustas cuando miras y no ves un kayak cerca? Deberías pensarlo antes de echarte al agua: si crees que te vas a sentir inseguro, no nades. Y si te das cuenta durante la travesía, cuando termines haz introspección: pregúntate si no te quedaba grande.

Porque la primera medida de seguridad en una travesía eres tú mismo.

 

¿Y fuera de una travesía?

Todo lo dicho hasta ahora sirve también para cualquier salida que hagas, solo (¡mala idea!) o en grupo. El primer responsable de tu seguridad no es el entrenador, ni el líder del grupo, ni el que os acompaña en el kayak: el mayor responsable de ti mismo eres tú.

Por ello deberías ser consciente de dónde estas, de las condiciones del mar y meteorológicas, de tu estado de forma… ¿Te sientes cómodo y seguro? Tendrías que poder contestar SÍ con rotundidad.

Nadar en aguas abiertas no es peligroso; lo peligroso es hacerlo en condiciones que te superan.

Antes de nadar, considera al menos estos aspectos:

  1. Qué vas a hacer: un entrenamiento duro, nadar para pasar el rato, una excursión…
  2. Distancia, ruta, paradas previstas, tiempo estimado; ¿necesitarás avituallamiento?
  3. Temperatura del agua: cuál es, cuánto sueles aguantar en ella
  4. Dónde, y cuándo, vas a terminar; posibles salidas de emergencia a lo largo de la ruta
  5. Si vas en grupo: ¿Os vais a reagrupar? ¿Dónde, cuándo? ¿Alguna señal convenida para hacerlo? ¿Alguno se va a encargar de contar que no falte nadie?
  6. Infórmate sobre mareas y corrientes en la zona
  7. ¿El recorrido está balizado? Si no, ¿con qué medios cuentas para que se te vea?
  8. Otros posibles peligros: una bocana de puerto, canales de entrada de embarcaciones, zonas dedicadas a vela ligera, rutas de embarcaciones turísticas, pantalanes, zonas con rocas…

Incluso mientras nadas hay que pensar un poco. Sé consciente de tu estado; y del del mar, que puede cambiar en un momento. Ten en cuenta que aún tienes que volver (si la ruta es de ida y vuelta). Sé realista: si crees que no puedes negociar las olas o el viento, sal del agua; el orgullo o la vergüenza son malos aliados. Es más, si te metes en problemas crearás un problema a los que están cerca de ti, cuando vayan a ayudarte.

Hay docenas de sitios en los que se puede coger confianza, sin tener que arriesgarse

Y si eres novato en esto de nadar en el mar, o si aún no has ganado la suficiente confianza, ve poco a poco:

  • Practica en condiciones de calma
  • Nada solamente en zonas protegidas (playa, lago, pantano)
  • Nada en grupo
  • Pregunta, infórmate, aprende
  • Practica entrar y salir del agua en sitios que no sean una playa tropical de arena fina: rocas, una grada que resbale, escalones batidos por las olas

 

La orientación

Practícala – o directamente, aprende. También es una cuestión de seguridad.

Si te desvías, indefectiblemente acabarás donde no quieres; y ese puede ser un lugar peligroso.

Además te ayudará a identificar corrientes: si sueles orientarte bien, y un día resulta que cada vez que miras te has ido desviando hacia la derecha, es probable que estés derivando con una corriente.

Y una vez hayas llegado a tierra, recapitula y piensa honestamente en qué cosas puedes mejorar para la siguiente vez. No confíes en que los demás vayan a tomar por ti las decisiones correctas.

 

(Todas las imágenes, por el autor.)


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3 respuestas a “Cómo hacer travesías más seguras

  1. Me ha gustado tu artículo “Cómo hacer travesías más seguras”, me ha hecho recordar mi participación en la Milla solidaria de la Oncoswim que se hizo el pasado 1 de junio. Travesía en la que una persona como yo, novata, lenta y insegura cuando el mar está un poco agitado, puede atreverse a participar porque tiene toda la seguridad que necesita, y como tu dices, empezar con las aguas abiertas a poco a poco, sin crear problemas a la organización. Creo que tu fuiste el angel swimmer que me acompañó durante toda la travesía, muchas gracias de nuevo. Tendré en cuenta tus consejos antes de apuntarme a otra travesía, aunque dudo haga travesías de más de 2000m, me quedan grandes aún. En esta travesía iba un poco confiada porque ya la había hecho dos veces sin ningun problema, pero esta vez el mar estaba demasiado movido para mi, quiso ponerme a prueba, bueno, supongo que es la manera de ir avanzando. Para otros/as, seguro fue una diversión.

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  2. Gracias por tu comentario!
    Travesías como la Milla Solidaria o RadikalMarBrava 1.5 son ideales para coger confianza: cortas, con recorrido protegido pero un puntito abierto al mar. Encontrarnos algunas dificultades, ponernos a prueba, como dices, es la manera de mejorar. ¡Pero si hacer locuras! Y sin prisa por nadar más rato, más lejos; con práctica y entrenamiento, todo llega.
    Nos vemos en el mar!

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