Hoy retomo una sección que inauguré hace tiempo (¡más de tres años ya), y para la que tenía (tengo) muchas ideas, pero que por circunstancias quedó en nada.

Se trata de un ejercicio de realismo, una terapia: reconociendo que tengo paranoias mientras nado (siempre hay algún monstruo acechando desde el fondo, sin ser visto); y tratando de saber más sobre ellos, los de verdad, para saber dónde y cómo (nunca cuándo) van a atacar. Hay que domar un poco la imaginación.

Vamos pues con un nuevo ― ¡y sorprendente! ― segundo capítulo.

El pulpo

En el apartado de leyendas marinas, el Kraken siempre ha ocupado un lugar preeminente. Una imagen vale más que mil palabras:

Un kraken metido en faena. Imagen sin copyright conocido, obtenida en Wikimedia Commons.

Leyendas, sí, hasta que se empezaron a tener pruebas de la existencia de calamares gigantes de casi quince metros. A su lado, el calamar de Humboldt es un enanito de apenas dos metros que, pese al sensacionalismo de algunos artículos, nunca se ha comido a nadie (que se sepa).

Pero hoy no voy a hablar de calamares sino de su primo, el pulpo; que de primo no tiene un pelo, por cierto: son increíblemente listos. Pero seguro que eso ya lo sabías. Pulpos gigantes también los hay, de unos 6 metros de envergadura. Aunque más miedo dan (minuto 2:08) los que son venenosos:

Pues ni unos ni otros: resulta que el malo de la película es el pulpo corriente y moliente ― un matón de poca monta que reparte collejas sin miramiento.

Así lo refleja un curioso estudio, “Pulpos pegan a peces durante eventos de caza colaborativa interespecies” (doi: 10.1002/ECY.3266), publicado hace unas semanas.

El artículo es corto y se lee rápido; en él puedes encontrar la jerga científica y los hechos contrastados. Esta es mi interpretación.

Acompáñame en esta triste historia

Pulpos y especies varias de peces alternan ― a veces: se juntan, salen a dar una vuelta, cazan alguna presa desprevenida… Lo típico entre las bandas del barrio. El pulpo es el jefe, pero toda la cuadrilla se aprovecha de las tácticas de caza de los otros para pillar más.

Y así, a lo que antes se llamaba una pandilla, ahora los hipsters del marketing lo venden como una red compleja de networking, en la cual el saldo final entre inversión esfuerzo y recompensa puede quedar desequilibrado ― lo que viene pasando en cualquier trabajo en grupo: los más vagos se aprovechan del esfuerzo de los demás. Para meter en vereda a los aprovechados, el pulpo les atiza: “¡Haz tu parte!”, viene a decirles.

Pero lo sorprendente es que, de vez en cuando, el pulpo suelta la mano la pata el tentáculo sin motivo aparente; es decir, lo haría por malicia, para fastidiar.

(Siendo malicia la manera lírica de decir que el pulpo pega para imponer un coste al pez, sin obtener un beneficio aparente y sin tener en cuenta el coste que la acción tiene para él mismo.)

De todo esto se deduce que los pulpos tienen temperamento; de ahí sus cambios de humor y, por tanto, de color. ¡Así que pon atención cuando nades en aguas poco profundas!

Pero hay que entenderlos: tienen una vida doméstica muy dura. Ella a menudo estrangula y se come a su pareja después de la cópula; eso agria el carácter a cualquiera. Y la Evolución se ha cebado con ellos (ellas, elles, ellxs, ell@s): la cópula la realiza el macho con uno de sus brazos (al que incluso ha puesto nombre, cual adolescente pajillero: hectocótilo), que le mete a la hembra por la nariz(1). ¿Qué siente ella? ¿Cómo se siente él? ¿Cómo te sentirías tú? Y en este caso el tamaño sí importa: especies pequeñas se apañan con un par de minutos de coito; pero el pulpo gigante del Pacífico (recordemos, 6 metros de envergadura, 3 metros de brazo lleno de ventosas) puede alargarse hasta la media hora. Treinta minutos con un brazo metido en la nariz. Piénsalo la próxima vez que te hagan una PCR.

(1) Nariz que, por cierto, también usan como ano y para su propulsión a chorro.

En algunas especies, la estrategia para evitar que la hembra se lo coma roza la psicopatía: el macho carga el falobrazo con espermatóforos, penetra a la hembra, se desprende del brazo y sale huyendo, dejando que ella se las arregle solita.

Así que no le tengas rencor si algún pulpo te sacude un manotazo cuando nades cerca. Habrá tenido un mal día, simplemente.

Imagen por Donald Giannatti; libre de licencia, obtenida en Unsplash.

(Imagen de portada por la NOAA, libre de licencia, obtenida en Unsplash.)



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2 respuestas a “Animales marinos antipáticos: el pulpo

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