Hoy toca la segunda etapa en la sección ciclista del blog. Es un poco más cañera que la anterior y, por qué no decirlo, bastante más interesante. Corre paralela al río Ebro, pero eso no quiere decir que no tenga pérdida; más bien al contrario: en la primera mitad, si no estás atento es fácil equivocar el camino.

La ruta en bici

He creado un mapa interactivo con la ruta, aquí.

La ruta.

La salida es en Móra la Nova (alerta de destripe: y la llegada, en Tortosa). Yo fui hasta allí en tren, con la bici a cuestas y el bañador en la alforja.

Parking de la estación de Móra la Nova, donde empieza la ruta.

La ruta en bici son 52 km y se divide en dos partes casi iguales en distancia, pero bastante diferenciadas. La primera sigue el GR-99, etapas 39 i 40. Puedes descargar el GPX aquí, o un plano en PDF aquí y aquí. Si tienes tiempo y ganas puedes alargarla: desde Mequinenza por arriba, hasta Deltebre por abajo: 175 km en total.

Partiendo desde la estación de tren, salimos hacia el sur, por el Camí de l’Estació (la única calle que lleva hasta allí, paralela a las vías), y tomamos la primera a mano derecha: es la N-420a (que en realidad en este tramo es una calle de Móra la Nova). La seguimos, hasta salir del casco urbano y poco después atravesar el río.

Por el Camí de l’Estació.
El puente por el que atravesaremos el río, para entrar en Móra d’Ebre.

Nada más cruzar el puente tenemos que girar a la derecha, y de nuevo a la derecha, para bajar hasta el río. Bajo el puente que acabamos de atravesar empieza el camino de sirga(*).

Mirando río abajo, desde encima del puente.
Mirando río arriba, desde debajo del puente.

(*) Apunte cultural ― la sirga era un sistema para hacer avanzar una barca por el curso del río, contracorriente, remolcándola con un cabo (llamado precisamente sirga) del que tiraba un caballo, un asno, o personas; el remolcador avanzaba por el «camino de sirga»,que discurría por el margen del río.

Acceso al camino de sirga, bajo el puente por el que hemos cruzado.

En realidad iremos por el lado del río solo 300 metros: estamos en una explanada de tierra que es un parking, al final de la cual hay un parque donde empieza una pista de tierra. ¡Atención, ese no es el camino! Al final del parking tenemos que girar a la derecha por una corta calle (aquí encontramos una marca roja y blanca del GR-99), y luego a la izquierda para tomar el Camí dels Horts.

Atravesamos la carretera por debajo, y nada más pasar ese túnel, encontramos una bifurcación con el carril de aceleración para la N-420, un camino asfaltado paralelo al de aceleración (por detrás de este), una pista de tierra, y la calle que gira a la izquierda: tenemos que girar a la derecha por el camino de detrás del carril de aceleración, en subida. Es el Camí del Mig, y allí también encontramos la marca del GR.

Bifurcación tras el túnel.

Al final de la subida (apenas 100 m) giramos, esta vez a la izquierda, siguiendo la indicación de Camí del Mig, y empezamos a correr entre campos, por una pista asfaltada que en apenas 5 minutos pasa a ser de tierra.

La pista es prácticamente recta. Solo encontramos una curva cerrada a la derecha (1 km después de empezar la pista), y justo después una bifurcación que tomamos a la izquierda. 500 m después la pista termina en otra pista, esta asfaltada: la tomamos hacia la izquierda y vamos hacia el río. En otros 500 m llegamos a una casa con muro de piedra enfrente: giramos a derecha antes de pasar el muro. (Si seguimos recto llegaríamos al río, y podríamos ir hasta Benissanet por el camino de sirga.)

La casa y el muro de piedra; giramos a la derecha.

Hasta aquí he encontrado (y la sensación será la misma a lo largo de todo el camino) que los mojones con las marcas del GR están demasiado separados para mí gusto.

Las marcas el GR-99, infestadas de caracoles.

Seguimos por la pista (Camí de les Sénies), con el muro a nuestra izquierda (desaparece al poco), y llegamos a los arrabales de Benissanet primero, y al casco urbano después. Por la calle en la que hemos aparecido pasamos por el Ayuntamiento. En la plaza Catalunya tomamos recto, por la calle Sant Jordi. Aquí la marcas del GR son pequeñas placas fijadas a las fachadas de las casas. En la plaza de la Creu la calle traza una curva a la derecha, para convertirse en la carretera T-324. La seguimos durante 2,5 km, con el castillo de Miravet al frente, hasta llegar a Miravet.

Tenemos que dejar la carretera a la altura del número 83-84 girando a la izquierda (siguiendo las indicaciones «Castell» y «Pas de barca»). Hay una marca del GR en esa esquina, a mano izquierda, en un muro bajo.

Ya en Miravet, punto en el que tenemos que dejar la carretera para girar a la izquierda.

Bajamos por Camí de les Illetes unos 200 m y giramos a la derecha, de nuevo siguiendo las indicaciones hacia el paso de barca y el castillo, que veremos delante de nosotros. Al final de la calle llegamos al embarcadero.

Camí de les Illetes, una vez tomada la curva a la derecha; al final, el castillo y el embarcadero.

Giramos a la derecha y a 50 m, en la plaza/parque donde está la Oficina de Turismo, tomamos la calle del Riu ― con una pequeña y fuerte cuesta bordeando las casas que cuelgan sobre el río. En apenas 300 m podremos admirar el río desde lo alto, antes de una no menos fuerte bajada con escalones de piedras.

Embarcadero de Miravet. Al fondo, el castillo; y, un poco más abajo, la iglesia, que marca el punto más alto de las calles por las que pasaremos.
El principio de la bajada (la calle Ferreries), justo después de pasar la iglesia.

Hasta aquí tardé 1h 20min, contando las paradas para echar fotos. Lo más complicado fue no perderse entre los campos (cosa que no logré), aunque en realidad hay más de un camino que lleva desde Móra d’Ebre hasta Miravet. Al pie de las escaleras la calle se transforma en un sendero que nos lleva a otro mundo…

En efecto, empezamos con dos subidas cortas y bastante técnicas (por la grava, muy suelta, y bastantes piedras). En 10 minutos el camino muta en pista de nuevo, asfaltada. Tras 200 m llegamos a una bifurcación, sin marcar (recordemos que estamos siguiendo el GR): es por la izquierda (en ligera bajada). Pasamos una masía, una curva cerrada a la derecha y enseguida otra bifurcación, también sin marcar, y también a la izquierda, en una curva de izquierdas bastante cerrada.

Apenas llevamos 1,5 km desde que dejamos las escaleras. La pista se llama Camí de Xesa, y va paralela al río.

Aquí la pista está bastante mal asfaltada. A 50 m ignoramos una pista que baja a la izquierda. En 5 min volvemos a cambiar asfalto por tierra.

En otros 5 min encontramos una bifurcación. El camino es el de la derecha, en subida (el mojón del GR está medio escondido, 15 m más adelante).

La bifurcación ― contraintuitivamente: derecha bien, izquierda mal.

A la izquierda hay un cartel cutre de prohibido el paso, sobre un palet de costado. Si siguiéramos por ahí (ese camino traza el meandro del río) llegaríamos igual a nuestro destino, más fácilmente, directos y en llano; pero pasando por una empresa de químicos con perros guardianes y más carteles de prohibición.

En fin, por la derecha la subida es corta y técnica ― de nuevo muchas piedras y grava suelta, pero no deberías tener problemas con plato mediano y buenas piernas. Al llegar arriba giramos a la derecha y empezamos una fuerte bajada bordeando frutales; finalmente, unas cuantas curvas nos llevan al infausto paso de Barrufemes.

El cartel que marca el inicio del Paso debería ser algo más ominoso…

Hasta aquí han sido 2h 08min de paseo.

El camino por donde veníamos, dejando los frutales a la izquierda y el bosque a la derecha.
Inicio del paso de Barrufemes.

El paso de Barrufemes solo es apto para trialeros expertos. En función de tu habilidad con la bici, tendrás que hacer más o menos trozo a pie. La parte buena es que, al menos, ¡encuentro la primera sombra en toda la mañana!

El paso es un sendero entre árboles, con muchas rocas y algunos pseudo-escalones (los únicos puntos donde realmente tendrás que echarte la bici al hombro). ¡Cuidado si sigues con las calas!, en los tramos con rocas es fácil resbalar. Pero lo peor es tener todo el rato el río al lado y no poder tirarse.

A medio camino hay una desviación a la derecha marcada «Les Talaies», que no hay que tomar. Y 50 m antes del final del paso hay otro sendero hacia la derecha; tampoco es por allí. En ninguno de ellos hay marcas del GR.

El río, el sendero, las rocas, algo de sombra.

Contando desde Móra, el paso ocupa los km 21 a 24 de la ruta, A mí me llevo 32 min cruzarlo, con un hierro de bici, una alforja llena y las zapatillas de calas puestas.

El final del paso; volvemos a la pista.

En fin, heme aquí al final del paso, de nuevo en una pista 100% ciclable, a tramos de tierra y a tramos mal asfaltada, entre frutales y alguna que otra casa, encarando tres subidas seguidas que terminan de rematarme… Al final de la última de ellas se ve ya, al fondo allí abajo, el puente de Benifallet.

Hacia allí sigue la pista, ahora en bajada. Cuando llegamos frente al pilar del puente, giramos a la izquierda en la bifurcación y lo pasamos por debajo. 600 metros más adelante, al llegar al viejo embarcadero del paso de barca, giramos a la derecha para seguir en la pista que, 300 m más allá, nos deja en la carretera C-12.

Embarcadero del antiguo paso de barca.

Esta última pista, desde el final del Paso, me ha llevado 22 minutos, para un total de 2h 53min hasta aquí.

Cruzamos la C-12 y nos incorporamos en sentido sur (es decir girando a la izquierda). Tenemos que pedalear por la carretera durante 1,5 km; tras el PK 39 está indicado el giro a la derecha que nos lleva hacia la Vía Verde, pasando por el barranco Canaletes.

En la C-12, indicación del desvío hacia la Vía Verde.
Justo después de dejar la C-12 encontramos de nuevo las indicaciones del GR.

Una vez hemos dejado la carretera, volvemos a una pista asfaltada, medio a la sombra. Unos 700 m más adelante llegamos a un punto en que salen 3 pistas: una a la izquierda que sube, una a la derecha que baja, y la buena, la del medio. Por ella, tras una subida no muy fuerte de 10 minutos, llegamos a la estación de Benifallet.

En la estación hay un bar y zona de picnic. No hay ninguna fuente (para que tengas que hacer gasto en el bar), pero sí unos aseos públicos con agua potable.

Hasta aquí llevamos 3h 15min, y ya solo nos queda tomar la Vía Verde de la Val de Zafán, hasta donde queramos.

Estación de Benifallet.
Cartel justo antes de llegar a la estación; para tomar la Vía Verde, hay que hacer un giro de 180º respecto a la dirección de la que veníamos.

Al llegar a la estación vemos la Vía Verde a nuestra izquierda, detrás de una valla de madera. Para ir hacia Xerta y Tortosa, tenemos que tomarla en sentido contrario al que venimos. Y, a partir de aquí, poca historia: una pista ancha, asfaltada, bien mantenida, con algo de sombra y varios túneles (no muy bien iluminados: mejor si llevas luces).

Tramo de la Vía Verde, un poco antes de llegar a Xerta.
Justo al lado de azud de Xerta, en el margen izquierdo del río, hay una playita. Para llegar a ella, deberíamos haber cruzado el puente de Benifallet y bajar por la carretera que va hacia Tivenys. Pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión.

Tras 35 minutos a buen ritmo llego a la antigua estación de Xerta. Allí hay una fuente (¡importante a estas alturas poder recargar el bidón!). Pocos metros después, la Vía Verde está cortada temporalmente indefinidamente: hay que desviarse por el interior del pueblo. La ruta provisional está bien indicada en todos los cruces; va por las calles Camí de Montsblanchs, Sant Martí, Santiago Rusinyol y Martí Martí. En la plaza Major encontraremos también una fuente, y un bar.

Indicaciones de cómo seguir la ruta por el interior de Xerta.

Al final de calle Martí Martí (al llegar al Canal de la Dreta), la Vía señala que hay que girar a la derecha, pero nosotros iremos por la izquierda para acceder a la zona de baño del Canal, que es nuestro objetivo: aquí podemos entrenar en una piscina sin fin, de 250 m de longitud, con unos 3 km/h de corriente en contra.

¡Buen entrenamiento, después de unas 3h 45min en bici!

Llegando a la zona de baño del Canal de la Dreta.
Vista general de los 250 m de la zona de baño.

El agua del Canal, claro, es dulce. No recomiendan beberla porque puede llevar químicos provenientes de las tierras de cultivo (yo he tragado unas cuantas veces, y aquí sigo…). En cualquier caso, en el parque que tenemos al lado hay una fuente.

Justo en este punto del río es donde empieza la Baixada del Renaixement. Mi idea inicial era empalmar la bici con la Baixada, pero unos imponderables (¡gracias, RENFE!) lo impidieron. En realidad, para ello tenía que llegar hasta Tortosa para allí dejar la bici, tomar el bus de la organización hacia Xerta, y volver a buscarla nadando.

En cualquier caso, hay que bajar hasta Tortosa para regresar en tren… O sea que, una vez nadados unos cuantos metros en el Canal, me subo de nuevo a la bici y enfilo la calle por la derecha del Canal, paralela a este, que es la Vía Verde, dirección Aldover.

En apenas 1 km volvemos a estar junto a la C-12. Antes de llegar a ella giramos a la derecha (la Vía Verde está señalizada), cruzamos la carretra por debajo y, tras una curva a la izquierda y breve subida, retomamos la Vía Verde paralela a la carretera.

A partir de aquí no hay pérdida ni historia. Está todo muy bien señalizado, pero hay dos puntos donde hay que prestar atención ― para no dormirse, porque el resto son larguísimas rectas…:

  • A la altura de Aldover hacemos unos pocos metros junto al arcén de la carretera, para bajar por un caminito a mano derecha que lleva a un paso por debajo de la carretera; luego un par de giros a la derecha hasta llegar al casco urbano
  • En Jesús (si, hay un pueblo que se llama así) hay un zigzag para cruzar una carretera secundaria, atravesando una zona de picnic en una fuerte subida de apenas 20 metros
Las largas rectas de la Vía Verde…

Llegados a Roquetes, enlazamos con el GR-99 y el camino de Santiago, saliendo a la carretera, que es de hecho la calle Diego de León, en Roquetes.

Aquí dejamos la Vía Verde y enlazamos con la calle Diego de León.

Honestamente, ahí perdí la Vía Verde. Pero en realidad no me importaba mucho porque sabía dónde tenía que ir: a Quatre Camins, actual plaza de la Corona d’Aragó en Tortosa, en cuya gasolinera sirven el combustible que necesito ― unos gloriosos pastissets de chocolate (el típico pastisset de la zona es de cabello de ángel, pero este de chocolate le da cien mil vueltas).

¡Divinos!
Al fondo, el puente de Ferrocarril sobre el Ebro: ¡a punto de llegar!
Cruzando el puente, sobre aguas en absoluto turbulentas.
Vista desde el puente, aguas arriba.
Vista desde el puente, aguas abajo.

Aliviado, ya solo me queda callejear hasta llegar al río, cruzarlo por el inconfundible puente rojo de la Vía Verde, y atravesar el parque Teodor González para ir al bar La Ribera, a comer un bocadillo de atún con anchoas y mejillones; ¡casi tan glorioso como los pastissets! Son los dos imprescindibles de Tortosa, además de la Baixada.

Antes de hincarle el diente paré el crono: 4h 32min desde la estación de Móra (para un total de 52 km), contando paradas para fotos y los errores de orientación que me hicieron volver atrás. Sin tanto ruido y con más nueces, yo creo que puede hacerse en 3h 15min.

Y ya solo queda acercarse a la estación para descansar un rato, mientras espero que salga el tren de vuelta.

¡A nadar!

Ya he explicado que la idea era enlazar la ruta en bici con la Baixada del Renaixement ― aunque hay que planificar con cierto detalle los tiempos y, siendo la Baixada una travesía lineal, dónde dejar la bici para desplazarse a la salida o para volver a buscarla.

La otra opción es nadar en la piscina sin fin que es la zona de baño del Canal de la Dreta:

Como la ruta va en todo momento junto al río, también puedes echarte al agua donde te apetezca (el problema será volver a recuperar la bici…). En general es difícil discernir si está permitido nadar o no; en algunos lugares está explícitamente prohibido, y en casi ninguno verás un cartel de «zona de baño». (Lo que sí suele estar bien regulado es la navegación, para el caso de que te vayan a acompañar en kayak.) Si nadas, hazlo siempre con prudencia, teniendo en cuenta la corriente, la presencia de troncos y ramas en el agua, y en general cualquier cuestión que afecte a la seguridad, que es muy diferente a la del mar. No me consta que haya cocodrilos.


(Todas las imágenes, por el autor.)



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