¿Qué se necesita para montar una travesía? Una carpa en la playa, dos boyas, cien chips, y unos cuantos árbitros pasando lista (esta travesía forma parte del Circuito de la Federación). Y un grupito de gente dispuesto a pasarlo bien sin estresarse.

Fue casi como quedar con amigos para nadar. Mejor aún, porque ¡uno no queda a las 11 de la mañana! Aunque luego el nivel de los nadadores era estratosférico. Así pues, una crónica sencilla para un travesía sencilla.

El sobrio cartel de la prueba, realizado por la Organización.

La mini-crónica

Ir a la playa en agosto a las 11 de la mañana siempre es mala idea. El resultado: problemas para aparcar, nervios, y un sprint desde el coche para no llegar tarde.

En la playa del Arquitecte (junto al puerto de L’Ampolla y su Club Náutico, organizadores de la prueba) había plantadas un par de carpas. Recoger el chip fue un momento. Gorro, no daban (¿para qué?; acabo de contar los que tengo guardados de otras travesías y son 26, sin contar los que habré dado, perdido o roto…). Pero la cola para que nos marcaran se eternizó ― esos rotuladores que no pintan sobre crema ni sobre piel sudorosa… Aquí la organización se marcó un buen tanto: en el Reglamento dice que «la prueba se llevará a cabo (…) a las 11.00 h»; pero en otro punto dice «la salida se dará a las 11.30 h». ¿Qué hacer? Uno no quiere llegar tarde, por lo que apuesta porque será a las 11; pero entre el marcaje, las explicaciones y que los árbitros fueran al puerto, se subieran a las barcas y volvieran a la playa a dar la salida, se habían hecho las 11.45h…

Playa del Arquitecte, junto al puerto.

En fin, la espera sirvió para charlar con amigos, hacer otros nuevos, discutir sobre el recorrido, y oír sin querer comentarios como «veo muchos adonis de culos preciosos, y venus de pechos turgentes» (es lo que tiene ir siempre con las orejas puestas…).

El filtro «300» le da algo de épica a los momentos de espera.

Finalmente, Adonis, Venus y compañía nos echamos al agua y se dio la salida. Hacía mucho calor, el agua estaba muy caliente y con cero visibilidad, y el viento ya levantaba la típica marejadilla ― aunque las olas eran bastante largas, no tan incómodas de nadar. En el lado positivo: apenas éramos 100 nadadores, por lo que no hubo aglomeraciones en ningún momento.

Foto de la salida, cortesía del Ayuntamiento, obtenida de este artículo de prensa.

El recorrido era simple: nadar mar adentro unos 2.000 m, y volver. Fue divertido, para variar del típico ir en paralelo a la costa. Una primera boya, a 1.000 m de la orilla, servía de referencia visual (daba igual pasarla por un lado o por otro); luego había que llegar a dos boyas en las que había que dar la vuelta, en sentido horario. ¡El problema era localizar la segunda boya! Desde la playa se veía bien, pero una vez en el agua costaba bastante más. En esa segunda boya (es decir, la primera boya de giro) “habrá una barca”, nos dijeron. La barca resultó ser un inesperado velero: se veía muy bien; el problema fue que quedaba justo detrás de la boya, por lo que no había manera de encontrar la boya ― yo la buscaba recortada contra el horizonte, ¡no contra el casco de un barco de vela!

Entre buscar la boya y no tener paisaje ni por encima ni por debajo (uno no tiene más remedio que concentrarse en nadar bien), pareció que en un pis pas llegábamos a las boyas. Media vuelta, y volver a la playa; uno de los edificios más altos de L’Ampolla era la referencia perfecta.

La playa del Arquitecte antes de la salida, con las carpas de la organización, parte de los nadadores haciendo cola para el marcaje, y el resto refrescándose. Al fondo se ve la línea de tierra que es el Fangar del delta del Ebro.

A la llegada, un frugal avituallamiento (agua y Aquarius), recoger la mochila (el guardarropa era simplemente dejarla apoyada contra la carpa de los chips) y aprovechar las instalaciones del Club Náutico para darse una ducha.

Una travesía, en fin, sencilla y de ambiente festivo y relajado ― pero con un nivelón en el pelotón delantero. ¡Volveré!

Distancia y recorrido

Recorrido de la travesía, dibujado por la organización. No se muestra la primera boya, que era solo de referencia

La travesía son 4.100 m(*1).

Dicen los veteranos (la de este 2022 fue la edición número 46 (XLVI) de la travesía) que antes te llevaban en barco y te dejaban por ahí en medio, cerca de la punta del Fangar (de ahí el nombre de la travesía) para volver nadando hasta la playa. Este año, en cambio, la salida fue desde la playa: ir y volver.

(*1) Distancia según el propio reglamento de la prueba. Pero:

Mini-ficha técnica

  • Fecha: 15-08-2022
  • Distancia: 4.100 m
  • Salida y llegada: Platja de l’Arquitecte (L’Ampolla, Tarragona)
  • Hora de salida: 11.30
  • Tiempo límite: 1 hora después de la llegada del ganador
  • Nº inscritos: 103 personas
  • Sin neopreno

Seguridad

Pese a la sencillez de toda la travesía, la seguridad era incluso mejor que en otras travesías con más nombre: un barco de los Mossos, 2 motos de agua de socorristas (con camilla y todo), las 2 barcas de los árbitros, al menos otra barca adicional, y 4 o 5 kayaks que yo viera.

Rojo y verde

Y tú, ¿has nadado alguna vez esta travesía? ¿Te gustaría hacerlo?

1.14.14



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